Clic

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Una pistola descansa en mi mano derecha
y gustaría de saber si tiene balas.
Fernando Gutierrez lo supo bien antes que yo
en un día de julio de 2003.
Me acerco la boca a mi sien
y cuento hasta treinta.
Luego, tras apretar el gatillo,
oigo un clic.
No es tiempo de llanto,
observo que queda medio paquete de tabaco,
miro el reloj.
Sus agujas señalan las tres y media de la madrugada.
Es demasiado pronto y demasiado tarde
a un tiempo.
Visito la cuna donde duerme nuestro bebé
y acaricio uno de sus pequeños brazos.
Visito la cocina con vistas a prepararme un sándwich.
En la casa se puede escuchar el ronronear
de un rellano durmiente.
Los latidos eclécticos de un corazón
de seis años de edad
visitan mi tentempié

y le digo a mi niña mayor que regrese a la cama
pues mañana hay cole.
Es, ya lo dije, demasiado pronto a la vez que tarde.
Temo quedarme dormido, una nueva noche,
entre las almohadillas del sofá.

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