Carlos y yo

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El niño superdotado de Crónicas Marcianas
tenía sacadas tres licenciaturas a los 21 años.
Yo, a esa edad, saqué, con suerte, un cinco en Antropología.
Estaba muerto
y mis amigos me lo decían de vez en cuando.
Era el cerebro necesariamente roto
de un equipo de fútbol.
En mis papeles de la seguridad social ponía
que era esquizofrénico.
Fumaba porros, bebía varios litros de cerveza
y les decía guapas a las chicas.
El niño superdotado de Crónicas Marcianas no era
precisamente
mi modelo de conducta.
Yo quería follar con él y con una cuarentona Kim Basinger,
me masturbaba mientras escuchaba a Johnny Cash
cantar Hurt
y luego esnifé mucho pegamento.
Un día me pusieron una matrícula de honor
e hicimos una fiesta en casa.
Hubo filete de buey.
Fue divertido mientras duró.

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