Bajo unos escombros

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Todo parecía intacto,
recordaba el inicio de algo
y todavía uno no había sacrificado su torso
ni tampoco su pequeña pensión,
la hucha estaba de monedas hasta el borde
y luego vendría algún que otro ingreso bancario.
La luz se desprendía del mismo foco que en la actualidad
y los animales cruzaban otra vez la carretera.
El abuelo respiraba a través de un artefacto
mientras los chavales echábamos
nuestros primeros Ducados en una era.
Todo parecía intacto,
recordaba a lo que no encuentra un fin en sí mismo.
Todo era una voz que ni siquiera se sabía de dónde salía,
y todo era el cadáver de un siamés
con las tripas fuera rellenas de moscas
bajo unos escombros
que más tarde nos dirían:
No, queridos, ya no hay vuelta atrás.

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