Aquí el loco eres tú

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No estoy loco.
No obstante una fantasía llama
cada domingo a mis intersticios al levantarme.
Allí estoy en un pueblo de Jaén perdido en una sierra
y, al salir de un bar,
veo al típico niño al que su padre le ha comprado
un helado.
Tiene todos los morros y parte de la camiseta llena de chocolate.
Y le cojo el helado y le digo al niño:
¿Y ahora qué, so tonto? Que hay que ver -insisto- en lo tonto que eres.
Y él llora y me dice que se lo va a decir a su papá.
Y yo le digo: Mírale qué gallina, que se lo va a decir a su papá.
Y me dice que yo soy mayor.
Pues con más motivo, le digo, payaso.
El niño me dice que le devuelva su helado, por favor, señor.
Y es cuando me lo como de un solo bocado.
Y ahora díselo a tu padre, imbécil.
Al final llora tanto la mierda el niño
que le digo que le compraré otro.
¿Sí? Pero sólo si dejas de llorar.
Anda, ve al bar, que ahora voy yo con el monedero
y te compro el que tú desees.
Se puso tan contento en el camino hacia el bar
y mientras yo corría hacia mi Renault 12 de segunda mano
y cogí la autopista a 150.
No supe evitar que me diera la risa tonta.
Sí, en el segundo pueblo en el que parase lo volvería a hacer.

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