A lomos de mejor vida

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No tenía nada que hacer
así que visité el cementerio
y di con un entierro
“Disculpe, señor ¿Quién es el muerto?”
“Se trata de mi padre”
“Mi más hondo sentimiento more en su compañía
¿Sería mucho pedir que me una al séquito
para rezar y acompañar el duelo?”
“Será un honor”
Pasado un rato retomé mis palabras
“Bien, ya he rezado
sin duda fue un gran hombre
que a estas alturas ya habrá avistado
el sol del paraíso”.
“Muy grata su compañía, señor…”
No tengo nombre, le dije, es sólo que,
a veces,
no sé qué coño hacer con mi vida
y vengo aquí,
sediento, como siempre,
de espectáculo.
Añadí que vendía droga,
que si quería.
Me dijo que me fuera a la mierda.
Desde hoy sabe que un nuevo amigo
llenará de flores
los momentos en que recuerde este día.

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