Txema Iriberri y la reseña -facebookiana ella- más generosa del mundo

Hace un momento di con esta reseña que hice de Roberto Alcázar, supongo. Basta que, últimamente, has colgado varios poemas de tu obra, me animo a hacer lo mismo en tu muro. Un abrazo, Alberto.

RESEÑA DE “ROBERTO ALCÁZAR, SUPONGO”, de Alberto Masa.
Me encanta leer a Alberto Masa. Tal vez sea uno de sus seguidores más fieles, con diferencia, en el Facebook. Jajajaja Soy parte de lo que él llama Conexión Norte. Alberto siempre me sorprende con su prosa ágil y sus cambios de registro. Es capaz de escribir un relato tan soberbio como “El gordo”, que componer poemas que te ponen la carne de gallina. También es capaz de colgar mil boutades en su muro. Pero, lo que más me sorprende de este escritor es que lo ha leído todo, hasta lo no escrito. Se aprecian sus preferencias: Bukowski, Kafka, Umbral, Céline, Rimbaud, Panero… Pero encoge el alma cuando se convierte en un estilo único, en Masa total, y nos inocula su propio veneno.
A Alberto, que dejó de jugar al ajedrez cuando empezó a perder, le ingresaron sus contados derechos de autor, no se lo pensó -es muy generoso-, y me mandó una de sus obras -éso que me había dicho “espera sin prisas. Aquí hay que oler muy bien para ir a Correos”.
“Roberto Alcázar, supongo”, es un breve magnífico libro. Un libro MASA, autobiográfico, que rezuma sinceridad, y talento para dar y regalar, un libro que va de todo: de la vida, de la muerte, de lo de en medio. Un Masa más agudo, filosófico, valiente, con sus toques negros, que nos sigue hablando de su loro Charly; de la abuela Ciriaca; de Marco, el sobrino; de sus primeros amores: Cecilia y Ariadna…
Casi sin salir de casa, con su pijama de rayas azules y miel, jajajajaja, como Rita Barberá detrás de los visillos, con ojo clínico nos desgrana historias intensas y vividas. De como aquel chico tímido y con granos, que apenas sale de casa, “Yo permanezco solo, buscando, si cabe, (que siempre cabe) una soledad mayor, y, luego, otra más mayor”, ha tenido una infancia de terciopelo y oro en un piso humilde, porque Masa es feliz comiendo unas patatas, ketchup y la mostaza chorreando por las manos. Es feliz comiendo unas sardinillas el día de San Juan, o unas lentejas con chorizo con su familia, o con su sopa de sobre y un café sin azúcar bien caliente…
Alberto desgrana sus recuerdos y sueños con ratas, porterías hechas con chándales, helados, pianos, y premios de sidra. De tantas cosas…
Sus duras confesiones: “Yo no he probado el LSD, salvo en veinte o treinta ocasiones”, “Le dije que me esperaban, para que pareciese que yo también tenía amigos”…
Alberto Masa, tan especial, tan raro, un genio.
“Roberto Alcázar, supongo”, qué gran obra.
Ahhhhhhh, impagable su LMP, su único encuentro con Leopoldo María Panero.

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