Mi amigo Godard

Acaba de llamar a mi puerta Jean-Luc Godard.
– Hola ¿Es usted Woody Allen, el de las películas?
– No, Jean-Luc, soy Alberto Masa, el de los libros.
– Ah, ese hijoputa. Me dijeron que usted vivía en Brooklyn.
– Pues no, vivo aquí, ya ve, en Brunete, al lado del cementerio. No hable muy alto que mis padres se han jubilado hace poco y están durmiendo.
– Da igual, venía a decirte que todo lo que haces es basura. ¿No tendrás algunas copias de tus libros o películas? ¿Podría romperlas delante de ti?
– Pues sí, tengo el libro de “Inconcreta desdicha”, el de “Roberto Alcázar, supongo” se me ha agotado.
– ¿Y películas?
– Una que hizo mi tío de la comunión, señor, pero está en Beta y dura siete minutos.
– Saque a la puerta todo lo que tiene.
– Vale, Jean-Luc. Deme dos minutos.

(dos minutos y medio después)

– Aquí tiene, Jean-Luc, oh, autor de Histoires du cinema!
– Bien… Inconcreta…? Mira, salaete, ya está, roto. Luego recoges la alfombra.
– Por supuesto, oh, autor de Pierrot le fou.
– Ahora dame la cinta… o espera, no, ya sé lo que voy a hacer, rompela tú por mí que ando un poco mal del reúma.
– Rota. Ya está.
– Muy bien, hijo. Y no se te ocurra escribir ni filmar más ¿Vale?
– Es que… lo de la peli fue… una ocurrencia de mi tía Pepa, que le prestó Bernal la cámara.
– Mmm ¿Dónde vive ese Bernal?
– Pues no sé hoy en día, creo que por Murcia.
– Iré.
– Gracias, Jean-Luc Godard, ha sido un placer su visita.
– De nada, majo. Limpia esto un poco eh, antes de que se levanten tus padres.
– Hecho, señor Godard, ahora paso la mopa.
– Bien. Ale. Con dios.
– Adiós.

(En fin, mola esto de ser Alberto Masa a veces, ahora un cafetito y a la cama, que ayer fui a Madrid y me he herniado un poco por la zona del tórax). Buenos días a todos y todas, señoras y señores. Hace solete por aquí.

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Fotograma elegido al azar

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