Las confesiones, por Michael Cochise

Hace unas semanas, Héctor Escobar se definió masánico, pero yo no le hice mucho caso. En general no hago mucho caso a la gente y menos cuando es de otras tribus urbanas.
Pero después abrí esto, “Un hombre raquítico”. No es una novela. No es un libro. Es una paliza, una mamada, una resaca de ketamina, un helado a medio derretir, encontrar una aguja, clavarte una aguja, es parecido al agua, es de la densidad del osmio.
Es más densa que la sustancia más densa y atrae la luz.
Es tristísima y luminosa. Es la resaca de keta y el sexo oral.
Alguien sentado en la cocina bebe té y habla de su mujer. A veces pasan algunas cosas. Como yo, tiene moho en el techo. Como yo, el té se enfría y se calienta a la vez.
Con este libro que no es un libro en las manos entiendo a la gente que siente placer cuando le clavan agujas.
Os ordeno que leáis a Alberto Masa. Yo hacía mucho tiempo que no temblaba.

Comments are closed.