Una familia

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Cada vez creo menos en el amor, a no ser que se refieran a las cucarachas de mi bodega. Antes creía en los vinos que había allí, aunque, la verdad, nunca me ha gustado el vino. Hoy he bajado a por una Coca-Cola y he tenido que recordar cuando las daba trozos de bollo. Últimamente me daba pereza y terminé por matarlas, y eso que, ya digo, al principio estaba encariñado. Luego, tras darles unos pisotones bien crujientes, subo a ver a mi madre, que me pregunta cuántas he matado hoy con cara emocionada. Nada, madre, es un trabajo sucio, como comprenderás. La verdad es que, cuando no lo hacía, me decían secretos al oído y hace mucho ya que no me hablan. Yo no entendía su idioma, pero estoy seguro de que me invitaban a ir a alguna parte. No lo entiendes, mamá, quizá perdí la ocasión de tener una familia propia.

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