Time is on my side (21/03/10)

Cuentan por acá (mesa -ébano- con el mismo número de sillas que de ceniceros) de quien dijo que uno es lo suficientemente viejo cuando no ve la belleza. La fama, que no deja de tentar ni siquiera a las almas que progresan bien -san Agustín-, es siempre el vaso en el que, a cosa de las tres y media, reposa la dentadura postiza del vecino.

La compañía de los libros es vomitiva e Ivan Ilich habla consigo y le dice “da lo mismo” mientras mira -con ojos muy abiertos- la oscuridad de un lecho (que no se ve).

Todos los demonios se redimen al final, por hacer algo. Zenón -de Citio- en Timeo es una caricatura del demonio. Su escuela, de donde sólo salen rígidos, es sólo una caricatura de Zenón de Citio. El vecino siempre está pensando en la hora adecuada para pedir huevos, la hora adecuada siempre es un malentendido, mi amor reside en los hombros de una niña -remota, aparte estúpida- de dieciséis años, y darse a follar con los alegres pájaros del vecino es una cosa angelical, además de un cumplido.

Me parece, de parecer, que asoma tanto el guay la gente que adora, que aspira, que honra, que provoca… me es tan lleno de gracia quien ensaya muecas de desprecio en un restaurante…
El humor es infinito y no hay manera de morirse en un “todavía”, como dijo el ese. Me gustaría conocer a Ratzinger. Me interesa su risa de bohemio paranoico y pasé tanto tiempo contando una verdad (versionada por) a una máquina que mide pulsaciones y cosas de esas, que fue abrir el blog y se enfadó el alcalde de Valseca. Hasta hablaban de mí en el sitio donde las señoras se juntan para jugar a la brisca.
La última vez que anduve por allá me quedé en Segovia y no acudieron mis amigos, o sí una, recuerdo, pero la tuve que dejar en su casa tan a gusto y, como me habían dado dinero, me emborraché lo suficiente mientras elegía qué grupo de muchachas -de cuantas había en uno de los locales- me escupiría con mayor alegría. Elegí bien, recuerdo, aquella noche, incluso perdí las llaves del hotel -3 estrellas- o me las robaron, pero no hubo problema. El hombrecillo fue tan amable que rápido imaginé que estaba acostumbrado a las personas de mi actitud.
Ya en la habitación puse un programa de letras nocturnas en la tele y abrí el minibar hasta que luego me desperté y seguí mientras recordé que tenía que ir a una boda. Recuerdo que me dio pereza ducharme, pero lo hice finalmente e incluso me puse mi traje no sé cuántas horas después. Antes de eso me miré al espejo y recordé las palabras ¿Quién me pone la pierna encima? Como no fui capaz de concentrarme en la lectura de Swift, entonces, creo, fue que me vestí. Me hizo tanta gracia recordar aún la cara de la zorra que me vejó la noche anterior. Lo puta y calientapollas, lo cerda y asquerosa, lo horroroso que hubiera sido que aquello hubiera seguido existiendo…

Me gustaría conocer a Ratzinger. Cristiano Ronaldo sólo me vale para reírme sin parar durante un ratito de la misma manera que lo hago en todas las instituciones donde soy tan amado. Barrio, INEM, Valseca, literatura, prostitutas, familia, seguridad social, agrupaciones en torno a la lacra de la esquizofrenia, el bar de Toni y el otro, Madrid, Segovia, Asturias, tabacalera, José Bono, Freud… Un hombre no debe ser recordado, ríe Pascal en un manuscrito que fue encontrado en su ropa cuando ya era todo un cadáver. Pascal, donde la moral gana al arte, donde esos dandis de los amigos a quienes amo (acudo a sus tanatorios) aparecen con un taparrabos sobre la cabeza de un cuerpo tan blanco, donde me pregunto si ni siquiera existe un animal o una celebración, en su deseo del ángel, Pascal, me da tanta pena que, al final, me masturbo pensando en otra. Dijo el asesino poeta y matizó: Qué horror de domingos.
Para no ser confundido.

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