Notas facebookianas de noviembre (2017)

Oído en el bar, hora del desayuno (una joven y un joven, ambos con chupetones en hombros y cuello que sus ropajes no llegan a cubrir): Entiendo que cuando llegas al orgasmo necesitas decirme algo, hasta ahí vale, y te acepto lo de cabrona, pero ¿Hijadelagranputa? Un poco de respeto ¿Vale? Que yo no me meto con tu madre.
A lo que el chico, con voz de barítono y cara algo alelada, responde: ¿Mi madre? Mi madre era una maltratadora.

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¿No os ha pasado nunca que tenéis un colega muy guapo o algo así al que veis muy poco, cosa que os gustaría hasta el punto de pensar: Ojalá se muera su padre pronto para así tener la excusa de echar una cervecilla en el tanatorio?

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¿A ti no te pasa que, en una publicación en la que tienes muchos corazoncitos, la gente que ha tenido la gentileza de procurarte un like te parece una rancia?

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Oído en el metro:
Cuidado, ese tío nos está oyendo.

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No daría muy buena nota en cuanto a mi experiencia con las personas que me han sentado en sus rodillas.

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¿Alguien de entre ustedes adquiere libros malos procedentes, pongamos por caso, de una presentación no necesariamente multitudinaria con el afán de leerlos en el sofá mientras revientan de felicidad al procurarles un chequeo médico desde la lectura bajo fin de reír a mandíbula batiente con lo que se van encontrando en susodicha obra?

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¿Han visto la primera temporada de la serie Fargo? A veces recuerdo el capítulo piloto, donde uno de los protagonistas elementales de la temporada (gran actor) estampa un martillazo a la zona frontal de la cabeza de su esposa, de carácter dominante, quedando impedido durante unos segundos al ver cómo la sangre salía a borbotones del orificio provocado por el golpe y ella procede a desmoronarse en el suelo. Muchas veces alguna persona que se encuentra contándome sus chismes o el cómo he de actuar en algo enfrente de mí procede a frenar su discurso para decirme por qué no atiendo, sumado el consecuente dónde tienes la cabeza. El hecho es que suelo estar recreándome con la posibilidad de que, en el instante en que mi nube se ha formado, alguna persona me provea de un martillo bajo la posibilidad de atinar en el lugar de este pedazo de escoria que me pregunta en este momento en qué, eh, en qué me encuentro pensando.

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Hará 15 años me quedé bastante solo. Iba al bar y pedía cerveza y, en esto, me hice amigo de un hombre que se tenía por bello que, entonces, contaba con la edad que yo tengo ahora. Creo que me eligió como amigo para hacer notar el contraste entre él, guapo y de fortuna, y yo, que venía a representar lo contrario a ojos de todo aquel que no fuera yo. Un día me dijo que le acompañara a comprarse un Mercedes “muy dinámico” de segunda mano, sin capó. Procuraba impresionarme este hombre guapo que finalizó casándose con una mora. No le engañé, a la primera vuelta con el coche, en lo que él se decía (y me decía) lo que era calidad de vida, acerté a responderle si no veía que la cosa era una horterada mayor, como él. Lo vio. Y fue también el inicio del acabose de nuestra relación.

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La única vez en mi vida que he coincidido con Antonio Escohotado (casual por ambas partes -no, no sabía que estaba allí hasta que lo vi y, entonces, sí, decidí acercarme-) mi pensamiento viró hacia el lado de mi actitud: Te amo, prémiame no descubriéndome. Un éxito rotundo: Leve mirada a mi grupo (concéntrico y atento a sus palabras, que ese día no puedo recordar cuáles eran) y, lo menos, me noté desaparecido, con ojos hacia abajo y mirada muy leve a un frente cabizbajo. He aquí la sanguijuela personal que me es característica.

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Si no dudase un ápice de que pudiera desprenderse alguna falta de sentido común en lo que a mi mirada respecta y, quizá, disponiendo de la presencia de algún medio de mayor fuerza (no puedo estar seguro por ambas partes de que el día atinase a llegar) mostraría, a partir de mí, una verdad hecha de muchas que calara irremediablemente bajo el techo del salón donde la baraja ha sido repartida, sólo para ver cómo juega esa teoría (llamada verdad anteriormente) las cartas marcadas de los encargados de disolverla, removiéndola, haciéndola, por un momento, terca, casi viva. Claro que lo haría, sin dudarlo, incluso si no contara con la opción del medio potenciador.

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Aún recuerdo mi paseo por la gloriosa librería-café Tipos infames. Era el día de su inauguración. Entré porque había libros. Pregunté por si podía encender un ciri y dijeron que no, que lo sentían. Aún se podía, estaba cerca de prohibirse eso, fumar en los tugurios. Fueron amables conmigo. Demasiado amables incluso. Qué tipos más simpáticos. Hoy vas y a poco que pidas un libro te enseñan lo que es para ellos la literatura. En sus expresiones veo una ligera treta de pretender cobrar por ello. Bien por Tipos infames. Un café-librería cuyo nombre, en un inicio, se achacaba a lo simpático del chisme, así como del armamento, hoy precoz oro de futura ruina y cerveza más o menos cara. Me duele, en parte, el show business con ínfulas académicas. Me duele la careta del mendigo en una Venecia cuyas ratas permanecen a sus anchas en el fondo del agua, las presencio en los momentos en los que el gondolero retrata al ciudadano de esa eternidad a momentos lírica ofreciéndose a cantar a los héroes -o en boca de los mismos-. ¿Envidia? Algo hay, pero la justa. Me hace recordar ese ligero toque de Billy Wilder en las palabras que pronuncia Gloria Swanson en El crepúsculo de los dioses “Sigo siendo grande, son las películas las que se han quedado pequeñas”- Así las lites. En fin…

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Hacía (calculo) una década de la última vez que rechacé la posibilidad de consumir mescalina por cuarta vez en mi vida hasta que recientemente he vuelto a hacerlo. Por un lado me es tentador. Supongo que es probable que las veces que me he negado a consumir drogas de este género tras mis experiencias durante la adolescencia (exclusivamente con LSD) dependa de mi estado anímico. En mi fondo hay un miedo casi obsceno que, no obstante, me gustaría no se diera a repetir cruzadas resultantes en bucles constantes, muy dañinos, de pensamiento. Miedo a regresarme a un mal viaje. La posibilidad de que mi situación médica me aturulle bajo cierta constancia en el ambiente de que podría pasar fácilmente una temporada forzando mi manutención física (y mental, pues me hincharían a neurolépticos atípicos) en un centro de salud sometido a la idiosincrasia coercitiva del sitio. No me cierro en banda del todo debido a que mi curiosidad por todo este tipo de sustancias de carácter lúdico y enteogénico sigue intacta, pero sigo sin ver el momento. Hará un año sí opté por un diminuto viaje con hongos psilocibios, pero mi experiencia fue muy decepcionante. Me supuso un auténtico timo. Algo que podía haber resuelto con mejores resultados en un buen revuelto con huevos. El caso es que no dejo de pensar en mi rechazo dado el vértigo que me supone la viabilidad de no poder caer dormido. Es, en mí, un miedo mayor a la posibilidad del ingreso. Puede ser bien probable que muera sin tocar otra vez los dominios de mis centros oníricos salvo en sueños. Los sueños no están nada mal. Nada mal. También tener en cuenta que soy muy bueno. Las drogas prohibidas de moda (salvo cáñamo, que tolero en leves dosis, así como tengo siempre a mano compuestos de codeína) no me interesan en absoluto y, con excepción del tabaco (fumo mucho), apenas pruebo licores mayores, en este momento incluso me veo privado de mis cervecitas, que me suscitan pasión, debido a que estoy siendo tratado (con Zapatier) de la hepatitis C que, entiendo, no ha supuesto problema para mí en toda la vida, aunque todo sea que el virus desaparezca y mi calidad de vida, de veras lo deseo, mejore (encuentro opiniones de todo tipo entre la gente que ha escapado del virus y su consecuencia ascendente del número de transaminasas).

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¿Qué están / estáis haciendo con el autor de culto (que escribió Autorretrato con radiador -uno de los libros que más veces he regalado- y Un simple vestido de fiesta) Christian Bobin? ¿Por qué es fácil encontrar al poeta de ese par de obras magnas en ¡Autoayuda! (hablo de La Casa del Libro)? ¿Qué os ha hecho o qué se ha hecho a sí mismo el poeta para ser considerado gurú por una nueva ola de lectores nuevos? Chiquillo, francés, regresa, pero a ser lo que venías siendo, no estas medianías que te retratan en las redes (por mucho que no sepa lo que eso se traduce a tu cuenta bancaria).

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Se acercan las fechas de cambio de año y, resultará, en Nochevieja coincidiremos tres o cuatro hombres más el niño y casi idéntica cantidad de mujeres (no niña) y entonces pasará lo que pasará. Tras la cena, yo, sin apenas saber quién es Pedroche más que una chica guapa y maja que es famosa en la tele (poco más), sin tener una idea fija de su cuerpo y de su cara, sin conocerla de más de lo que acabo de insinuar, diré: Poned a la Pedroche. Y nada, creo que es morena, pero ni siquiera estoy seguro. Ellas entonces dirán que a la Pedroche nooooo (Ellas, que tampoco tienen más idea que yo de quién es la Pedroche) y yo diré: Pedroche! Pedroche! Pedroche! Y jalearé tras jalear: Que a mí lo que más me gusta del mundo es la Pedroche (cosa que es más o menos falsa). Y cambiaremos de canal y, ahí está, la reconoceremos porque es la del vestido provocador. Luego ellas cambiarán de canal. Habremos visto, durante unos segundos, a una chiquilla que, sin tener idea apenas de quién es, es nuestra y no suya. Porque yo ni idea, oye, de quién es la Pedroche.

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– ¿Por qué, eh, testículos de Jehová de los huevos, por qué debo creer toda esta mierda que me habéis soltado durante media hora si yo paso de mierdas?
– Pues porque su palabra vive en nosotros.
– Ah! Bueno, en ese casooooo…

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Voy por la 188 de Solenoide. No sé qué decir. Diría que a ratos grandiosa es poco y que otros ratos, joder, es un tostón y qué penica y que no me la acabaré en lo que viva, que serán dos años más o, quizás, 45. He bajado a dos cajetillas. Miro el facebook sin ganas, que es una cosa que hace mucha gente muchas veces y que no mola tanto como mirarlo con alegría (ej: cuando te estás saltando trabajo a la torera), como cuando esto empezó y te salían en “Escoria que quizá conozcas” los amiguetes que te hacían buylling en el cole mostrando una foto de su primera comunión en lugar de modelos rusas. No iba a escribir, pero al final me sorprendo haciéndolo. Mira que eres jilipollas con jota, me digo, si, para escribir esto, total, avanza hasta la 204 de Solenoide o tíralo de una vez por la ventana. Con suerte lo cogerá alguno o alguna que lo necesite. Echa currículums y eso ¿No ves a X? Está ahí porque echa currículums y eso. Qué bien vives, cabrón. Y qué feo eres. Cuídate los dientes, que se te van a fastidiar. Bah, na, que no es mi día a pesar de no haber dado un palo al agua. Puta crisis de los 40.

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Una de las cosas que procuro no perderme del facebook son los platos que, en ocasiones, elaboran ustedes. A veces veo cosas muy curiosas. Lo que el español medio de los años setenta entendía por pasar la mili en Ceuta o un crucero a la vejez en los noventa con el ánimo de conocer los placeres culinarios de Madagascar. Hoy lo dejamos, aunque ya es una moda que ha pasado (y trascendido), en un par de insectos vivos y crujientes en Indonesia. Por favor, no se enfaden, no es esta una crítica de nada más que un agradecimiento. Yo comería esas cosas, de veras, y con mucho gusto, pero no les entiendo, en serio, existiendo la marca Hacendado o las alubias de Litoral, que no es que no fueran mucho mejores las que hacía la abuela, pero que vamos, que yo no digo nada. Aquí en Casa Manolo tomando el brunch.

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En una ocasión, fue la única a la que accedí, fui a una despedida de soltero. La cosa consistía en presentarse duchadito, comer bien y, posteriormente, llamar putas a las chicas, guarras y mostrar la querencia del fornicio. No me fue alentador. Poco después aparecieron tres prostitutas. La borrachera continuaba en medio de todo ese despertar de conciencia en el que yo comenzaba a sentirme menos amigo de mis amigos. No obstante, eso era lo que había que hacer, decían, en una despedida. En el autobús yo permanecía ensimismado adivinando que había cumplido los 26 y ya no valía para jugar al fútbol. ¿Este es el aburrido del grupo, no? Dijo una de las chicas. Sí, estaba en lo cierto. Poco después un amiguete la hizo bajar al pilón con las palabras “No me he lavado, pero para ti está bien” (la mar de divertido ese ¿Verdad, nena?). Yo veía aquello e iniciaba a comenzar mayores sorbetones a mi whisky. No, no me va. Sí pensé en follar, pero no venía a cuento. Odio a la mierda de esas movidas, en serio: prefiero ver una película de Jim Jarmusch o leer Solenoide de Cartarescu o salir con Ana y reírnos de todas nuestras ocurrencias una noche entera, follemos o no. Mañana siempre será otro día. Aún resuenan en mis oídos las palabras de las prostitutas: Con este no vamos, que es el único que no quere de follarnos del grupo. Y las risas de ésos, mis amigos: No, chicas, es sólo que es un poco tímido.

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Os tocaréis las piernas para ver si siguen en su sitio cuando os diga que conozco dos, ¡y posibilidad de tres!, publicaciones culturales donde se leen los libros antes de pasar a criticarlos.

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Esta noche, no os lo vais a creer, dejé el teléfono en Modo Avión y a las cinco de la madrugada vinieron dos azafatas que estaban buenísimas a acostarse conmigo. Que si había puesto el piloto automático. Joder, las tecnologías.

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Hoy he ido a comer el menú de la casa:
– ¿Qué tienen de primero?
– Pues sopa, con pelo, sin pelo y de la casa.
– Tráigame una de la casa.
– Esa es con peluquín, como usted sabrá.
– Como intuya un fideo en ella le denuncio.

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Desde que vivo en Madrid mi vida es una aventura tras otra. Ayer:
– Tu mujer se me ha insinuado ¿Sabes?
– Sí, últimamente le va el rollo de los tríos.
– A mí también me va ¿Sabes?
– ¿Sí? ¿Entonces…?
– Me flipa tu mujer y estaría encantado de hacer un trío con ella, aunque…
– Aunque qué?
– Podría hacer un trío con ella sin que estés tú?
– También te gusta su hermana?
– Sólo un poco más que tú, querido amigo.
– Podríais ser cuatro y…?
– Eso ya es orgía, goloso. No seas inmoral.

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Cena en el restaurant:
– ¿Qué quería de primero? Tenemos coito con la camarera y pechuga de pollo.
– Bien, pechuga de pollo.
– ¿Y de segundo?
– ¿Qué tienen?
– Bien, pues tenemos coito con el camarero y pechuga de pollo.
– Bien, póngame otra pechuga de pollo. De postre, le advierto, me gustaría follármelos a todos.
– De acuerdo ¿Con chupito de hierbas?
– No, a palo seco.
– En ese caso: invita la casa.

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A veces, durante el primer brillo de un sol falso, me creo poseedor de la maestría para el violín e imagino melodías capaces de reinar por sobre mi cabeza. Imagino que la música fabrica una cúpula y que la llevo por sombrero a cada lado del mundo que jamás osaré visitar. Me la quito para pedir limosna y, de vez en vez, un señor o una señora depositan fortunas enteras con el afán de que deje de hacer sonar ese maldito trasto.

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Muchos días muere mi hijastro y yo me encuentro agarrado a una farola cuya luz tintinea. Muchas, demasiadas noches se mueren de inanición las paredes de mi cráneo en consecuencia de que no les doy nada de qué alimentarse. La bóveda general de la plaza cae en consecuencia de mi desinterés y mi corazón de reptil cede a respirar la vasta soledad de las encargadas de la limpieza cuando amanece e inician su turno creyentes de que mi hijastro acompaña y cede sus compases de fregona que se mueve de puro inútil.

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Uso el moho del queso de untar como brújula para dar con los cuchillos de untar y el pan Bimbo que, a veces, también tiene moho. En este momento estoy viajando hacia el norte, lástima que no dé con los cuchillos de untar ¿En qué cajón los habrá puesto mi criada (que también tiene moho)?

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Alguien tenía que decirlo, Solenoide es la polla. Voy por la página once.

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Aunque a Anita le gusto con los dientes y el pelo roñosos he decidido que me voy a lavar ambas cosas esta noche con la casi sana intención de que mi vidita pase por el aro.

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Imaginad que pasáis cuatro días con el amor de vuestra vida (Hola, Anita) y os dejáis llevar absolutamente por la conciencia de que eso es el bien, renunciando con ello a enteraos de la actualidad, política, criminaloide etc. Os dedicáis a hacer el amor y a ir de librerías y restaurantes a pesar de que ella quiera entrar a mirar trapos (la calláis a besos cuando empiece con eso). Imaginad que Kevin Spacey no ha follado con un chaval (le puede pasar a cualquiera, joder), que un mongolo no ha matado a su ex y luego ha estrellado su coche, y la hija de ambos, probablemente, ha visto cómo caía el cuerpo asesinado de mamá, que era una chica preciosa. Imaginad que os habéis olvidado de todo, que ni siquiera sabéis quién es el tal Puigdemont ¿El ex de alguna amiga? Una negra preciosa os pregunta a tu chica y a ti qué queréis de comer en el italiano que habéis elegido para daros de besos y coincidís, decís: Risotto trufoide, porque ambos sois mucho del Risotto trufoide, y uno de ambos decide que el suyo sea de gambas para compartir. Y luego vais al bar y suena el In from the cradle de Clapton, y te besa, y la besas y, por un momento, piensas que la vida, sí, puede ser maravillosa. Joder, cuánto nos amamos, chicos/as.

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Ese profesor de filosofía ¡con bigote! que te explica en COU (o lo que fuera eso) que un señor dijo que tu libertad empieza donde acaba la de el otro. ¿Qué piensa de eso, señor Masa, o usted va por libre? Y el tal Masa dice que si confiar en que cada libertad le empiece a uno donde le dé la gana significa ir por libre, entonces, sí. Y bien, dice ese profesor de filosofía ¡con bigote!, ¿Usted, señor Masa, es artista, no? Pues claro, profe(sor de filosofía ¡con bigote!).
PD: Benditos 90.

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Mi mujer y yo hemos, en vista de trasladar nuestra fe en nosotros hacia un futuro distinguido, en lugar de dar al mundo un hijo, obtener para nosotros una esquizofrenia de notable vigor de cara al siglo venidero, esto es, cuando nuestra existencia acá sea más bien poco probable.

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Entre nosotros ¿Te ha pasado visitar a un coach o psicólogo y que la primera pregunta que te haga sea si te gustan los Beatles? Si es que sí ¿Te ha pasado que después de decirle que sí, por si es el caso de que le hayas dicho que sí o “por qué no”, te diga que él los odia con rabia y, a partir de ahí, enlace la historia de su vida a anecdotarios rockeros o poperos con el fin de trasladártela? ¿Te ha pasado que lo haga “pa que aprendas”?

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Uno tiende a pensar en la manida idea creativa de siempre, que viene de Grecia, para cobrar refinamiento en Roma, a la hora de exponerse en un texto largo donde narrador o historia confíen la pregunta, a modo de detonante, de si todo fue una locura (o acaso la obra de un narrador afectado por ella), a la hora de preparar algo cuya lectura de las primeras treinta y cinco páginas se sostenga. Luego ya todo vendrá rodado, como un canto bajando una cuesta (que a veces es hacia arriba para muchos que, no obstante, también soy en ocasiones).

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Inicios de los noventa en el baile de las fiestas de un pueblo. Chica se acerca. Chica baila conmigo. De inicio la posibilidad de conquista es toda suya. Dos minutos después: Amigas de la chica descojonándose. Chica poniendo cara de “no creo que esto me esté pasando a mí”. No enlaza una canción con otra. Chicas huyen acojonadas. Cuando empiezan a desaparecer de mi vista logro distinguir insultos provenientes de chillidos suyos sin ninguna aparente importancia para mí. No estoy seguro de si me han llamado feo, idiota o subnormal o las tres cosas a la vez. Me voy a casa y saco la katana. Pajote.

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Eso de los beatniks es un invento que no veo demasiado en los beatniks (tampoco en William S. Burrouhgs, juguetón en cuanto a los medios informativos y jefe del humor del mundo). Es una cosa que, como me dijo Alberto Ávila, a la par que él en cuanto a su opinión (siempre que charlamos finalizamos haciéndolo de nuestras literaturas -perfectamente compatibles-), veo en Genet, un huracán de poesía que verdaderamente huyó hacia su tumba -luego no le fue tan mal, oye-. Es algo que veo en Burroughs Jr. más que en William S. Burroughs porque también huye hacia -éste parcialmente- la muerte (véase la autobiografía editada por Dirty Works, de la que se ocupó el enorme David Ohle en EEUU). Es algo que veo más en Chukri en cuanto a afán de superación. Rimbaud era beat. ¿Quién me vende que los versos -rebuscadillos y malos- de Corso en Gasolina o El feliz cumpleaños de la muerte son beat a pesar de haberlos escrito una persona criada en un orfanato? Eso no me vale, osti. Keats era mucho más beat que Ferlinghetti. El Conney Island de la mente es un puñado de deformidades abiertas al cadáver de barro de la casa -pero es malo, malo de cojones-. Kerouac y Ginsberg… ejem. Tipos con coco, semi-bobos. Verán, yo soy beat en la esquizofrenia de manera par a lo que Kafka lo era en el trabajo. Y no me doy un pijo de importancia.

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El nivel de seriedad de mi web puede avistarse levemente en su bajón de audiencia (del 85%). En eso pienso además de en un futuro que promete poco y en que quizá sería sensato abandonar la red (opción mucho más honesta que severa). Mientras tanto, el editor (no obstante, amigo) de mi nuevo libro (de relatos), quizá de los buenos (pongamos que su público lector aspira a llegar a los 300, la mitad de ellos amistades de la familia), regresa a dejarme tirado al teléfono con oraciones como “Perdona, es que estoy muy ocupado”. No, no es el momento más óptimo en el que encontrar mi estima. Pero está Ana.

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