Notas facebookeras de Abril (2º mitad)

Uno emprende el camino hacia el estanco decepcionado con uno de sus ídolos literarios y su Maldición gitana, cansado del horror vacui del Pynchon de Al límite, poniendo fe en Nog, pero con clara sed de Onetti. Mi barman me dejó. Bebía más que yo. Hoy corta pollo en una cadena de alimentación. No sólo la literatura se hace de y vuelve sombra.

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Los niños premio me abruman, viandantes y literatos, aún malas mímesis de un tal Houellebecq. Ayer un hombre descalzo y nariz en la bien podría caber un ladrillo entero y no solamente el yeso medio vivo del que bien alimentado queda me increpó, tras mi primer intento de recitar, con lecciones del que ha hecho carrera sacando mocos a citados niños premio. Fue una experiencia que relaciono con la ruina de la que huí hace ya casi la friolera de quince años (la edad del capitán). Ay, mi pescadito, no llores ya más. Quien de mí no sabe y se ve en algo mío tiende, de conocer la miseria en la que vivo, a llamarme plagiario, y quien bien sabe del trabajo que hay detrás de ese laburo consistente no más que en una pulsión venida del aprendizaje mutuo me sostiene con aquello de que es que uno es buena persona. Pues cansa, pero respiro. Y entono para mí de nuevo aquello que un hombre de mar cantaba al David Bartholomeu que uno fue o quiso ser: Ay, mi pescadito… Por lo demás, hay gente buena en el campo, y también respetuosa e incluso capaz de arropar y mostrar afecto cuando el pescado sale del agua y abre los ojos al miedo, sabiendo que va a morir.

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Unos cuantos (pocos) sabéis que uno lleva demasiado tiempo en esto (lo de la literatura) para que un farloperillo de división nigeriana cuya cumbre de su actuación es la rima “atarte” con “follarte” le diga que tiene mucho que aprender del joven ganador del premio Estremera del Tajo.

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Whatsapp de las 16:50h:
“Hola Alberto. Creo que te iba a gustar muxo un autor brasileno Paulo Coelho. Como tú cuando era joven tambien tuvo que star en psiquiatricos y creo q los q venís de haberlo pasado mal en esos sitios teneis un especial talento. Sois genios”

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Lo reconozco: George Clooney es un poquito más alto que yo.

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La lección de música, de Pascal Quignard (extracto):

Al lamento de la infancia: “¡Cuánto dura!”, la música respondía: “Consiento en la duración del tiempo. Siento placer en el alejamiento de lo que anhelo”. Para el niño el juego era mucho más eficaz que la música, pero la música se recrea, pero la música recrea, se burla, juega con el tiempo depositado y sin muerte en nosotros.

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“… por causa de las fornicaciones” (san Pablo)

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Las restricciones de estudios como literatura y filosofía nos devuelven el sueño de un tal general Mola en modalidad capitalista. Lo que uno saca de esto: Mucha evolución de pensamiento (salvo en los poseedores de nómina) en instituciones como cárceles, ejército y centros de salud mental y suerte para unos pocos, algo de burguesía, se sabe, queda, metidos en círculos de procedencia mafiosa donde se liga y folla bien bajo el regio rótulo “Humanidades”.

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Hace una semana, mientras uno disfrutaba de un, supone que merecido, tentempié en la línea 5 del metro de Madrid, la señorita sentada enfrente le miraba, notó, con desagrado. En un momento dado le dio por mostrarlo: “Odio una sociedad que no está preparada para resistirse a comer animales ¿Por qué lo haces?”. ¿Qué podía responderla? ¿Acaso había coincidido esta persona conmigo en un baile (no bailo) o algo por el estilo? Así, en parte, el fabuloso invento (no lo digo con retintín “Redes sociales”). Tras la palabra Respeto tengo otras favoritas respecto al diccionario de nuestra, en ocasiones amada, lengua, como por ejemplo (nótese el plural) “luces”.

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Junto a la palabra Respeto, una de las palabras que más me gustan de nuestro diccionario es la palabra Palabra, aunque creo menos en ella (aún con ello me refiero a aquella que acierta a pasar la criba de la primera, claro).

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No soy, ni mucho menos, un dechado acerca de la obra de Conrad. Creo que basta con decir que sólo he leído de este enorme su obra, quizá, más conocida. Pero, he de admitir, que me son muy de agradecer los regalos venidos de una consideración elevada hacia mí mismo (aunque no sea acertada). Y mi gran amigo Javier Reta tuvo el detallazo de regalarme Las vidas de Joseph Conrad, de John Stape, por mi 38 cumpleaños. No te fallaré, Javi. Si es necesario ponerse con todo Conrad, irá por ambos.

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Primer intento de reconciliación con el vecindario, que he terminado adivinando chismoso y en extremo quejica (no por ello “mala gente”). Una de las cosas que uno respeta y el hecho de que vivamos con paredes es el derecho a la intimidad y siente escándalo cuando, en efecto, descubre que alguien ha examinado que en la bolsa de basura que le es correspondiente hay (había, esto ya es sabido) demasiadas latas de cerveza (que tampoco es que sea ilegal -al menos aún, porque hay que ver cómo tenemos Efpaña-). Uno se sorprende al descubrir que la vecina de al lado es consciente de las conversaciones que transcurren en los escasos 60 metros cuadrados de su casa y que usa como chisme ciertas frivolidades que uno se anima a contar a íntimos bajo el único afán de desestresarse un poco (eso que comúnmente nos es conocido como: echarnos unas risas con la barbaridad que ha soltado este buen hombre polémico, no obstante, con uso de razón, de moral y de justicia). Por no mencionar… ya lo dijo san Pablo, ay, las fornicaciones y esa libertad de la que hacemos uso en estado de ligero descontrol (no se vayan a pensar que uno es Rocco Sigfredi -tampoco Rocco Varela, guiño a Antonio M. F.-). Tras padecer cierto defenestro (chismes usados entre umbral y umbral de puertas de rellanos), sumadas mis experiencias en torno al trabajo por el que uno ha prestado una vida de educación e, incluso, en otros tiempos, el uso de ciertos doctores de misa en domingo de aquello de que la letra con sangre entra, uno tiende, no a verse solo (que no lo está), sino a asumir una comprensión de la vida (por no hablar de actualidad política) con cierto pesimismo e, incluso, victimismo. ¿Alguien conoce algún abogado decente o, en su defecto, un editor que lea y hasta sepa en la sala? Porque aquí acabo el escrito donde iba a decir muchas cosas más. Como dijera Jack Nicholson al finalizar la cinta, de poseer cabales: Indio, mátame.

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Un verdadero poeta (y, advierto, no me gusta nada la palabra poeta), y conste que en este momento estoy pensando en Rubén Darío, César Vallejo y Claudio Rodríguez -no en Paneros, no en Bukowkies, que no obstante me gustan- gana perdiendo y, a veces, hasta perdido (suponiendo que la búsqueda encontrada en los escritos de los citados -era inacabable en los tres casos- no se vea fundida). En fin, ya escribió Artaud su fabulosa oda a Van Gogh.

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Cosas que pasan en los pueblos:
– ¿Y qué escribes, escritor?
– Pues cuentos.
– Ah, como Vicky el Vikingo?
– No, como Bush Jr.
– Ay, es que yo de clásicos no entiendo.

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