Notas facebook (enero 2019)

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Ayer me vi empezar a crecer. Apenas me di cuenta. De inicio creí que era mi habitación la que encogía. Luego, al topar con el techo respiré hondo y las dimensiones naturales de la pieza volvieron a la normalidad. Es peligrosa la obtención de poder. Es peligrosa la tentación de salir al mundo.

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Siempre que he entrado en un aula y visto que mis compañeros (pienso en la facultad hoy) toman notas con la mayor rapidez posible de las digresiones que salen de la charla del profesor de turno, me he cruzado de brazos y dado a pensar: Tranquilo, mozo, aquí hay un cuento o una novela.

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En ocasiones me distingo de un hombre muerto pagando a prostitutas con el fin de conversar. Ellas insisten en que su trabajo es otro. Todavía no he logrado convencer a ninguna de que no me vierta droga en la bebida. Cuando despierto esas hijas de alguien han arramplado con mi monedero y mi móvil y yo no tengo lugar alguno donde ir que no sea a casa de mis padres ¿Cómo? No lo puedo saber, pero siempre he conseguido llegar hasta el momento. De veras, tomo demasiados comprimidos de Escitalopram para que esto se levante. Ya, pero yo estoy aquí para que eso se levante. Pasado un cuarto de hora ellas te piden más dinero. Yo pregunto por qué y ellas señalan su sexo. “Ha estado dentro de ti” Es algo muy discutible, al tiempo que su palabra contra la mía. No sé de qué manera brillante se puede fracasar mejor. He dejado de hacerlo. Hace diez años bebía algo más de una botella de irish (Jameson o Bushmills) al día, trabajaba repartiendo botellas de oxígeno y dormía. No sentía nada. Un día que aparentemente estaba bien, me caí y alguien me levantó. Creía que estabas muerto, dijo. Pero no lo estaba, o eso parece.

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Necesito una fiesta con los mejores amigos. Quizá tenga que buscarlos. Quizá me esperan. No sé si sé quiénes son o no lo sé. Pensarlo dota a mi vida de un objetivo. Eso y cerrar los ojos. Los amaneceres también me gustan. Algunas noches lo hacen. Me gustan algunas noches, pero al final siempre cedo a tomar la medicación (cantidades industriales de inductores del sueño). Las tomo porque adoro amanecer. Ojalá no hubiera ninguna noticia, pero buscarlas es lo primero que hago. Me es infernal la vida sin siquiera una noticia. Los mejores amigos desaparecieron. Yo desaparecí también. Era el año 1998. Yo pienso en una fiesta y dudo entre abrazarles o tener agallas para atizarles, aunque, en el camino, yo también reciba golpes. Desde entonces he buscado cierto sentido a la existencia en la literatura. No lo tiene y sí lo tiene. Es un camino más arduo del que imaginé en 1995, cuando rescaté la máquina de escribir del trastero del barrio y escribí una novela infumable donde me inventé a una hermana. Nos hacíamos compañía. Tampoco es cosa fácil hacerse compañía. No es fácil. Por eso quiero una fiesta. Aunque no sepa quiénes son mis amigos, miro atrás, veo ciertas expresiones, recuerdo muchas caras. Otras no. A veces me dan ganas de abrazar a alguien. Nunca sé quién es ese alguien. Son la hermana inventada de unos folios que tiré.

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El clic del correo electrónico ha sonado. Al ver el nombre me he reencontrado con un fantasma. Demasiado tiempo y, a un tiempo, demasiado poco. Confiesa que le cuesta recordar mi cara. Me pregunto si tanto como a mí. Ha sido amable. Lucha cada día contra el espejo que soy que, según dice, le muestra sus carencias y miedos. No veo falsedad alguna en ello y me pregunto de qué era espejo mío. Ahora lo veo claro: Era mi devolución a una vida. La tierra me devolvía de un escupitajo adonde uno respira. He temblado y contestado de inmediato. Temo que mis palabras regresen a caer a un pozo de agua muerta. En su forma no son desesperadas. Soy el eco de quien fui y una millonada de yoes más. Puedo recordar su cara. No diría que no, aunque hubo momentos en que lo creí así. He respondido y a la cuarta línea me he dado cuenta de que lo estaba literaturizando todo, de que el fantasma y yo eramos el personaje secundario de la bruma que nos impide vernos. Luego he dado al botón de enviar y venido a mí la frase: Hoy, como cualquier otra noche, apagaré la luz.

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PD: ¿Y a quién iba a interesarle esta mierda?

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