Noche de san Juan en una mala baba de nombre Brunete

“La desgracia de Don Quijote no fue su fantasía, sino Sancho Panza.” (Kafka)

Noche que en mí eres el breve opúsculo sin escribir del día. Noche que me traes una melancolía de lo diurno en el callejón cuya angostura se reduce un kilómetro por cada milésima de segundo que pasa. Noche bebiendo whiskey caro en un bar de mozos donde el único que te mira es el cuñado de un alcalde -corrupto- y lo hace porque sabe de oídas que es que publicas libros o algo de eso. Noche que se cae de su columna en la brevedad opiácea de una mirada que el cielo no te devuelve. Noche que eres la calma de un mar que yace a millas del sonido de los pasos en cuyo avance se apaga la luz del farolado. Noche entre la nada y lo gris, entre el betún y el olor a genciana podrida que viene de una plaza llena de voces que no hacen sino mencionar al diablo, un diablo cojo apenas conocedor de los versos de esa obra de Catulo que dicen Aquel barquito que veis cuenta, oh huéspedes, / que él fue, de todas, la nave / más rápida, / jamás trabada por el traidor leño / flotante

Señores de la inequívoca noche en que los cuerpos contenidos en el propio hacen por salir, por escapar a unas afueras donde las horas coincidan con la adecuada quietud de un pantano, yo escupo en sus vehemencias, en sus bravatas de esas cinco de la tarde en que una marquesa sale de casa a daros la mano y deciros que vuestra es, como lo son sus casas, casas de un pueblo tristón y olvidadizo donde, de vez en cuando, al escarbar para producir el dorado sueño americano de una piscina propia, aparecen tibias y botas de militares.

Sombra que no eres más que el trampantojo emulado de un día negro. Noche que, en mi medicina, ofreces cierta calma a un mar que no te nombra a muchas millas de este cielo, que será de Madrid o no será.

Buenas noches, fauno tecleante que despierta en mí la inconsciencia de haber sido, muy buenas noches. La luna es un símbolo que rodea el planeta con manos de harina. La noche se promete un espantajo resuelto de lo que ha sido una tarde que no ha terminado todavía. En esta noche uno siente afónico el cantar del grillo. En estas noches uno no ha nacido y sin embargo se mueve.

En estas noches uno percibe ovípara la distancia con la luna. Una máquina de coser, un pájaro y un teclado son mi compañía en el estertor hediondo de la noche. En alguna ocasión mi bomba sanará y mis latidos seguirán precarios. Mientras tanto, tocará esperar una nueva primavera.

Huele a pez. Pez que agoniza en tus manos, hermosa noche de san Juan. Hoguera de una vanidad que cubre toda posibilidad de paraíso, ya sea de artificio o menos.

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