Mar de mediodía (09/05/11)

Muchas veces, cuando sueño, voy a comer (en días soleados) a un sitio blanco donde hay que subir muchas escaleras, pido una mesa y luego como al respaldo de una ventana donde se puede apreciar todo el mar de Madrid. Las gaviotas a veces se posan a mi lado y les doy picatostes. Enfrente, una señora mayor, abre un periódico en el que no hay impreso nada. Creo que suelo pedir consomé o algo parecido, eso no lo recuerdo con claridad. En el propio sueño entiendo el interés de llevar allí a mis amigos pues, en los sueños, suelo pensar que me queda alguno vivo, incluso aparecen en alguna ocasión, en otro lugar, venidos de la muerte y bien peinaditos. Pero eso ya es en otros sueños. Al lugar donde veo el mar y doy de comer a las gaviotas se accede subiendo las escaleras de un centro comercial situado donde antes estaba el cine Aluche. Tras cruzar la cola y abrir unas compuertas subo parte en un ascensor desde donde veo unas palmeras y, luego, me reciben unas escaleras viejas de caracol y comienzo a subirlas. De vez en cuando tengo que esperar aunque las mesas estén vacías. Pido una caña, de eso sí me acuerdo y miro de un lado a otro, la señora de los periódicos vacíos ya está sentada. Tiene un moño y lleva una chaquetilla de lana verde. Es vieja, como toda la gente de aquí.

Al despertar pongo el oído donde se juntan mis venas y escucho lo que pasa por ellas. Oigo trenes frenando, silbatos de agentes de la ley, animales roncando, estadios llenos de gente hablando en voz alta. Abro los ojos, me pongo las zapatillas y voy a echarme agua a la cara. Aprovecho también para lavarme los dientes. No me importa qué hora sea. El lunes que viene saldré hacia el monasterio. Trabajaré el campo y leeré salmos en la biblioteca. No seré esclavo de mi tarjeta de presentación al mundo. Dejaré el blog en stand by. Además ya soy algo viejo. Me alegra poder dedicarme de nuevo a escuchar esas otras cosas que suenan cuando hay silencio. Hoy es un día importante. El árbol que se ve desde esta habitación está quieto y brillante. Creo que tengo para un whisky, quizá dos, en la plaza del pueblo, si no me echa de nuevo la policía. Otra opción es comprar unas cervezas y traérmelas a casa. Preferiría ser flaco a alcalde de Madrid o peluquero de estrellas del cine.

A veces trabajo. Siempre soy el mejor amigo de alguno de mis compañeros de trabajo cuando no del jefe. Luego desaparecen para siempre. Menos mal.

Creo que echo de menos al bujarra del segundo que siempre estaba esperando en el portal para coincidir en el ascensor conmigo. Viejo, con el pelo a la España de antes, gafas con el cristal marrón y gabardina negra con pico en el cuello. Me atusaba el pelo y a veces la cara y me preguntaba por la familia. Me decía que tenía que ir a verle porque tenía muchos tebeos viejos y estaba pensando en regalárselos a alguien. Si en lugar de en el segundo llega a vivir en el doce esa mariconuela gris (a la que, ya digo, echo de menos) yo no hubiera llegado hombre a octavo de EGB. Yo vivía en el sexto con mi abuela. También ella se me aparece en sueños. He pensado si la próxima vez en que me quede dormido podría llevarla a mi restaurante favorito, en barca.

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