Farmacopea

0 , , , , Permalink

Los libros: Están encima de la mesa del ordenador. Están nuevos, están viejos, unos más manoseados que otros. Algunos los he leído más de una vez, incluso los he olvidado. Hay alguno subrayado con pilot rojo. En otros he descubierto grafito, incluso anotaciones. Unos están bocabajo, otros menos. Algunos no puedo saber cómo llegaron a mis estantes. Otros recuerdo día y hora, número de autobús o línea de metro. Unos me los han regalado. Otros no. Están sobre la mesa y, mientras tecleo, los imagino, por dentro y por fuera, los autores y las autoras, los vivos y los muertos. Y eso es así casi siempre, un día y otro, y una noche y otra. Y no pasa nada. Todo está bien. Algún día le dirán a Marquicho que son para él, de ese tío raro suyo, el que siempre estaba encerrado en un cuarto, leyendo, suponemos, o lo que sea que hiciese. Mi memoria, además de incierta, es perezosa. A veces trato de arrancar de ella fragmentos, con el único fin de que huyan, junto con los libros, para siempre.

.

La madre: He abrazado a mi madre en muchas mujeres. No puedo saber si la he buscado en ellas. Hoy creo que no. Creo que tampoco encuentro a mi madre cuando abrazo a mi madre. No busco nada. El niño que fui es una mera excusa. Dicen que el mayor orgasmo se produce en la mujer al dar a luz, en el momento en que el bebé traspasa su sexo para volverse vida. Yo recuerdo un pueblo, un primer cigarro y a mamá perdida en el rastro de Madrid, mientras yo miraba cromos de fichajes. Maradona y Schuster. Después mi madre volvía de perderse y me encontraba, sin buscarme, en ella. Me escapaba de un cromo y regresaba de su mano, en metro, a casa del abuelo, estación Empalme. Era un sexto. A mí me decían que me parecía a Felipe González. Pero no era así, yo me parecía a mi madre.

.

Las películas: Sé que las tengo, en VHS incluso, muchas las he tirado. No sé dónde tengo los DVD´s. Fue una cosa moderna de hace mucho tiempo, tanto como la luz, tanto como Charlot o Pamplinas. Tanto como Bud Spencer y la música flamenca. La mujer y el hombre son invenciones de ese aparato. Recuerdo que mi primer DVD fue Eraserhead. Algunas escenas pasan ahora por mí, pero no sé cuál de esos protagonistas soy en este momento. Hay una anciana catatónica que fuma en una cocina. Hay un vendedor de gomas de borrar. Hay un pollo frito escupiendo sangre por entre sus patas. Meros recuerdos. Un feto sufriente. Una cara viviendo en un radiador. Calculo hará un año o más que no veo ninguna película.

.

El padre: Se trata de mi alegría de niño pero, lamentablemente o no, hoy no sé quién soy. Busco su aprobación de manera fútil. Dice no entender mis trabajos. Le duele un quiste. Advertí a papá que su madre moriría antes de ser yo ingresado en un hospicio. Así fue. Esa es la imagen de mi padre. Está en mi habitación del barrio preguntándome por qué. Y yo le digo que debe de estar al lado de su madre, la Bastiana, porque se muere. Y rompe a llorar. Y mi catatonía es más libre que nunca dos horas antes de ser metido en una camisa de fuerza. Dónde está mi padre. En este momento es un café caliente y la melodía que sale de un piano procurando unas tristes notas alegres de Robert Schumann. Papá se ha convertido en Europa. Porque Europa suena a papá. Y papá está dormido. Desde aquí le oigo soñar cosas que no va a recordar cuando amanezca.

.

Comments are closed.