Autosociología diarística de un psiconauta

Acabo de levantarme hace media hora. Recuerdo de manera vaga mi leve atrevimiento a ser ciudadano ayer noche ante una urna. Dicen que dijo Quevedo que apocarse es virtud, poder y humildad; dejarse apocar es vileza y delito. (Añado, quizás influido por el Árdora Fernando Millán, una revisión de domingo ventoso a través de la tachadura). Recibo un mail (de las 12:04) de Frank G. titulado sobre bajo motivo Ausente como el coco desprendido en la sombra, donde leo:

 “Viajando hacia el norte

(DÍA DE ELECCIONES)

Entre el moral que amarillea

Una lechuza grita. Ratas escurridizas

Buscan sus madrigueras. Medianoche.

Un viejo campo de batalla.

La luna brilla, fría, sobre los huesos mondos.

Tu Fu.”

Necesito café. (15:46 h en Brunete, Baja California). Mi criada (medio búlgara de 40 años, parece que tiene 60) es la única persona que me escucha. Se llama Vasilka y tiene dos hijos a quienes sólo me ha presentado por fotografía (a través de su renovado Samsung Galaxy). Apenas sabe español atina a decirme: Si bebes más café a ti van a salir ranas en el estómago. Miro el whatsapp. Tengo números no anotados en la agenda que me hablan, indiferentemente, de cambiar el mundo o transformar la vida. Hacia la ventana se pueden observar diversas tonalidades de píxeles blanquinegros, grises. El árbol del vecino de enfrente se percibe mustio. Recién despertado lo miro y me devuelve la imagen de quien seré, de quién o qué soy, en este día, pongamos de invierno, pongamos de finales de 2015 en Brunete, Florida. El Google+ de Lucia Martinelli dice Good sunday! La fotografía no parece retocada, es de una joven de edad incalculable, presuntamente bella, sonriendo y, tras su figura, encinas de no sé qué mundo me visitan. Vasilka me dice en idioma mímico que ordene un poco mi mesa y que fume, pero menos. Mi teclado (negro) está lleno de pínfanos. Hace aproximadamente un año (o dos) tiré a la piscina (medio congelada) de mi tía Pepa el Blackie Ben Brooks, inglés de Berlín y Barcelona, de 22 años, en cuya portada aparecía una bravata procedente del carismático Cave (a quien recientemente se le ha muerto un hijo de nombre apostólico). Su padre, hombre rural, le daba un rifle y el joven australiano cazaba, junto con un amigo de la infancia, conejos, con mixomatosis todos. Lo sugiero debido a la lectura de entrevistas (y artículos ajenos) reunidas cronológicamente en Global Rhythm (librería Antonio Machado, novedad de ese entonces). He descubierto, de nuevo, en una bocanada de humo blanco, que la pantalla de mi ordenador es táctil. El Hades reside en su más allá como una flor diurna, también sexo mercantilizado, en esta lata de atún de Mercadona (oferta). El reloj de Vasilka es más caro que el mío, que es caro por barato. Me observo adelgazar en Charly (mi joven loro gris-rojo de unos 23 años) y lloro sin lágrimas una bendita Navidad en los ojos de mi ahijado Marco Rodríguez Iglesias, alias Marquicho. Un día su tío, ese muchacho que escribía cosas muy raras en la hipoteca virtual LSC, será definitivamente azul (como estas 16:53 h grises de 20-D). Será símbolo de una ficción (recordada por él o no). Mis padres ven en Marquicho el nieto que nunca tienen y, a lo mejor, ni tendrán (murió de enfermedad conejil antes de la invención del sándwich vegetal, al igual que las vertiginosas letras de Tucídides).

17:05 h. Acabo de recibir una carta de Polina desde Rusia donde adjunta fotografías con su abuelo materno, con una perrita pequeña de color blanco/España en sus caídos y no obstante vigorosos brazos de moza, bajo los bendecidos árboles de Pushkin -luego Tiútchev- revisados por Juan Eduardo Zúñiga. De su carta rescato (por autocorrector) las palabras, probablemente suyas: Es la distancia de varias horas de vuelo en avión. En una carta recibida el pasado martes-miércoles me dijo que los chicos que conoció eran malos porque sólo la querían para el sexo. Hay cierto olor a nocturno en las cartas de Polina, que tiene manos de trabajadora y cara de ángel prerrenacentista. Sonrisa de tierna, la imagino una romántica del autosexo, soñadora de romance o sacacuartos (que no tengo). Luce pelo rubio liso y suéter blanco en el salón de una casa remota en la que al fondo acierto a ver una chimenea encendida. Ya decían del Sr. Ulianov -alias Lenin- (inventado por el tardío dadaísta Dominique Noguez) que no es lo mismo visitar los cabarets que estar a gusto en ellos. Polina tiene en las fotografías los ojos de una gata persa que no se aburre nunca. No sé si responder al mail o no. No sé si el hombre bueno de Rousseau viste de Balenciaga en el siglo XXI. No sé si el padrino de Marquicho morirá mañana, tras haber descubierto hace aproximadamente mes y medio el milagro de la Quetiapina, que trae y devuelve la hermosa vitalidad de los sueños violentos a un teclado -negro- de cinco y media de la tarde.

Vasilka se ha marchado hace veinte minutos. Me ha dicho que el señorito loco con ordenadores. Polina se despide en su carta (traductor informático) con un Que todavía te interesa saber de mí?
Tu Polina. En estas 17:41 sé que sucumbir al amor (o al arte de la publicidad) es prostituir lo que tienen de voluble las inteligencias. Lo que cabe de un en un ser Yoísta, apenas recién nacido en una resaca de fiesta a una democracia medio española. Va a caer la noche otra vez. Revivirá un noctámbulo de nuevo. Sanará (Quetiapina aparte, aproximadamente 50 mgs y, quizás, Tranxilium, sólo 5 o, como mucho, 10 mgs) tecleando y no está muy seguro de que queden Coca-colas o café, si habrá leche en el sobrao. Un tal @lisergico, panchito gurú, cita a Nietzsche en el Twitter: “Aquellos que eran vistos bailando eran considerados locos por quienes no podían escuchar la música”. @criatura13 responde: Ay, los tripis, Nietzsche y la poesía. En la imagen adjunta por @lisergico sale el festival de Woodstock. No, ya no queda café. Confirmado. 17:58 en Brunete (Cidade de Deus, diciembre de 2015).

El fotograma elegido para ilustrar esta entrada (llena de tristeza alegremente superada con el día a día) pertenece a la cinta Desde Rusia con amor, al fondo la bella Estambul, y/o 007 ligando.

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