Un par de tercios

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  • Joé, tío. No te veo tú ¿Sabes? Hace tiempo que quería decírtelo.
  • Es que no soy yo, macho. Soy, me he convertido en la obra hiperrealista de una mano con mazo de artritis.
  • ¿Qué es de mi amigo el Juanote, joder? Mi amigo Juanote, el poeta. No sales. Estás siempre deprimido. A veces pienso: Este se ha vuelto tonto. Y deja que te diga que eso nos pasa a todos en un momento dado. Mira, yo soy tonto. Sin embargo, sé que eso no es nada nuevo para ti. Siempre lo fui. Pero de ti no esperaba esas mierdas. Te vas a reír si te digo lo que me pasó hace cuatro meses.
  • ¿Qué coño? ¿Tú no querías que yo te contase? ¿Que te contase por qué me he convertido en algo que, según tu versión, no soy yo mismo, o sea, la imagen de mí que habita bajo esa gomina que usas desde que teníamos quince años?
  • Bueno, sí. Pero deja que te cuente. Además lo de la gomina fue una cosa de mi madre.
  • Ay, la Gloria, que en paz descanse.
  • Brindo por eso, tío, pero deja que te cuente. Una amiga me propuso ser… follamigos o follamantes o como quieras llamar a eso. Yo, en realidad, lo estaba deseando y, por desgracia, ya no se lleva conmigo. Pasó que cogí su cabeza y ella pensó que iba a tratarse de un morreo. Creo que me equivoqué, debió serlo, pero le di un beso en la frente. Me dijo: Qué dulce eres. Poco después dejó de hablarme.
  • Ya, y la conozco ¿No?
  • No, de nada.
  • Vamos, es la Cristina, fijo.
  • Ni de coña, la Cris se lleva conmigo, neng. ¿Ves? Te has convertido en… ¿Cuánto tiempo llevas sin meterla en caliente?
  • Eh, cabrón ¿Y tú?
  • Vale, va a hacer cuatro años. Sé que esto que te digo es impopular, pero es sincero. Mira, ya no me van los secretos. Cuando uno guarda un secreto no sólo se convierte en la tumba de ese secreto. Se convierte, cuando no en ese secreto, en una tumba a secas.
  • Sí, ya sé que eres poeta, vale. Nada nuevo.
  • ¿Cuánto tiempo llevas tú, cabrón?
  • Pues menos que tú, pero da igual. Tampoco mucho menos. Y no, no soy el mismo. Soy otro. Cansa mucho ser uno mismo, ya sabes, aunque ser otro tampoco es que no canse. Joder, me refiero a la puta esquizofrenia del momento. También he terminado cansado y, te diré, si no salgo es porque no tengo un duro.
  • Ya… el buenazo de Juanote mendigando un puto tercio. En realidad no has cambiado.
  • Sí, mira, Ferni, tronco, sabes que siempre he sido un puto desastre. En eso… qué coño, en eso sigo siendo el mismo, pero… en ocasiones no somos nosotros mismos los que soplamos esa vela con la que se apagan todas las luces.
  • ¿Otra tía? Ya, y no folláis, por lo que has dicho antes. Triste, Juanote, la historia de tu puta vida, tío. Sé que no soy el mejor ejemplo. Cuatro años, tío. Tres no valen porque me estaban medicando de la ostia y eso no funcionaba, pero…
  • ¿Te has tirado un cuesco?
  • Sí, perdón. Y no es que se me haya escapado. Ya sé que ahora cae bien la frase hecha esa de que la confianza da asco.
  • No, no te preocupes. No me da asco. ¿Quieres que me tire yo uno?
  • Pues… haz lo que quieras. Yo ya elegí.
  • No tengo ganas ¿Sabes? Soy basura. Creo que esas tías se están fijando en nos… en ti.
  • Pues… oye, por mí las invitamos a una caña.
  • Mira, te voy a decir la verdad. No me reconozco. Ya está, no eres el único que no me reconoce. Yo tampoco lo hago. ¿Tú te reconoces?
  • No ¿Quién se reconoce? Algún idiota francés hizo unos versos que decían que la ausencia de la muerte sonríe. Joder, a veces esa mierda soy yo y estoy aquí y estás tú y ¿Sabes? Creo que esas tías no nos miran para nada.
  • No te recomiendo tirarte un pedo delante de ellas.
  • Ellas no existen, Juanote. Aquí hay dos tercios y te voy a tener que invitar porque… como es costumbre, no tienes un duro. Hace poco… no, ya sabes que no dejé el pabellón probablemente alto, salí con una tía… sí; te acabo de decir que llevo cuatro años, joder, mi récord eran dos… pues, aparte la que hace cuatro meses… Quiero decir, desde que perdí la virginidad con doce años…
  • No, tu abuelo cuando te violó tenías once, Ferni.
  • Joder, eres brillante, cabrón.
  • Tío, hablemos de, no sé, de comida ¿Qué has comido hoy?
  • Te estoy hablando de comida.
  • Es un chiste malo.
  • Todos lo son… Bueno, pues empezamos a besarnos y le meto mano y, al rato… esto después de estar dos semanas quedando, me dice que no quiere, que no quiero que piense que es una calientapollas. Y yo le digo que cómo voy a pensar eso pero, naturalmente, lo estoy pensando y le digo: Joder, he renunciado a una follamiga por ti, por tu amor, por tu coño, en realidad dije “sexo”. Y me dijo que era un gilipollas. Tampoco la he vuelto a ver ¿Por qué me gustaría tanto que una de ellas me hablase y a la otra no volver a verla en mi vida?
  • En serio, hablemos de lentejas.
  • Esas tías ni de coña nos están mirando a nosotros. Eres un rallao, Juanote.
  • Será que he cambiado.
  • Ey, eso me ha hecho gracia.
  • Mira, Ferni, vete un poco a tomar por culo ¿Te has ido de najas otra vez?
  • Creo que estoy mal del estómago, tío, lo siento. ¿Te conté…?
  • Cállate de una vez, hijo de puta. Esta vez sí huele mal. Mal de cojones.
  • Ya, si lo noto. Una vez estaba follando y olía así. Había sido ella, la cabrona. Pues… moló.
  • ¿Fue hace cuatro años, no?
  • Vete a la mierda ¿Quieres otra birra?
  • No diré que no.

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Ilustración: Targa, de Javier Reta

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