Siglo raro (02/03/09)

Si Dios no la dijera a ella, por ejemplo, todo el rato, sería una estatua hecha por sí mismo, a su misma escala. Idiota como un David.
Sostuve entre mis dedos una amapola que era parecida a la cabeza despeñada del presidente Kennedy, arranqué mi peugeot 207 CC y lo llevé hasta la puerta de su casa, entonces llamé al timbre y ella abrió, yo le di la flor. Sus manos cogieron el tallo como si este fuera un hilo.
Yo le dije la palabra Hola.
A mis espaldas, un grupo de gente gritaba porque habían atropellado a un niño con un camión.
Yo la miré, de nuevo, mirar la flor. Miraba esa amapola extrañamente. Yo creo que, en realidad, no sabía qué hacer que hiciera su cara y que, ello, la movía a ensayar muecas sin parar.
A mi espalda se oía a una señora gritando la palabra Hijo y diciendo que lo habían matado y Sólo tres añitos y, otra vez, Hijo.
Ella seguía observando la flor. Le pregunté cómo se llamaba.
Dijo que se llamaba Jenny.
Oh, Jenny, le dije. Puedo conseguirte muchas más flores para que las pongas en tu dormitorio. Sé dónde están, dije y añadí envalentonado: puedes venir conmigo a cortarlas si tú quieres.
Entonces sus ensayos de mueca cesaron.
Atrás mía escuché la frase: ¿Para qué va a llamar a una ambulancia?

Me dijo que, si yo quería, podíamos ir ahora.
Admito que me puse muy nervioso, debido a la emoción. Le dije, casi sin titubear, que la llevaría.
Qué mundo extraño y lleno de desgracias, ni siquiera un niñito…, hizo una pausa y suspiró y, añadió, en fin.
Es cierto, la respondí, pero ahora estás tú.
Ella me besó cerca de los labios. Olía a mermelada.
Yo me puse las rayban y saqué las llaves de mi peugeot 207 CC. Ella se montó, me dijo: Cómo me gusta tu coche, nene.
Metí la llave y el coche arrancó, reconozco que muy bruscamente, por los nervios. Oímos el ploc y vimos un chorro de sangre en el cristal.
Ella dijo: Ahivá, la madre del niño.

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La fotografía que ilustra este antiguo cuento (necesariamente criaturítico) es un autorretrato de la artista Alicia Villares

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