Microcuento pa tontos

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Hay algo que quise ser. No lo conseguí ni consigo en la mayoría de las ocasiones. Quise lucirme muy abiertamente con un chaquetón gris de flaneur en garitos donde se escuchara blues y R&B, algo de jazz mientras sujetaba, mano derecha, mi vaso ancho de irish y se acercaba una moza al mostrador a oler qué colonia me había puesto. Apuesto a que es Barón Dandy. Poco después yo le decía a esa señorita que dejara de acosarme, empezaba a pedir auxilio entre los compañeros de barra: Esa morenaza me está tomando por un objeto sexual. Y venía la policía a tomarme declaración mientras la llevaban arrestada. Ella no cejaba. Estoy segura de que es Barón Dandy. Terminada la película la firmaba bajo el nombre de Almodóvar y la enviaba a todos los concursos del planeta traducida a muy distintos idiomas. Poco después regresé a ese pub de blues y le dije a una señorita que me gustaba bastante. ¿Ah sí? Dijo ella. He visto tu película ocho veces, me parece digna de ganar el Premio del Jurado en Sundance. Le pregunté qué colonia llevaba. Ángel y Demonio, respondió. Me dijo que adoraba los gritos del guerrero, de Paulo Coelho. Yo dije: yeah y encendí un cigarro (ah, perdón, que no se puede. Ya lo apago, hostias). ¿Sabes, nena? No tengo ni puta idea de cómo va a acabar esta peli, pero la voy a enviar al Oso de Berlín. Perdón, honestamente, no sé cómo acabar este post. Por mí entrarían en el pub ahora mismo unas ovejas eléctricas asesinas y nos comerían mientras estamos filmando. Ella diría: Noooooo. Y yo diría que este guión es una mierda. Me comerían vivo. Yo pediría a mi oveja eléctrica asesina que, por favor, me dejara terminar el irish, pero no, me come. Ella, la chica, ya estaba comida cuando yo digo: ¿Por qué? Y salen los créditos finales. La peli la termina Peter Bogdánovich y titula: Cómo no convertirse en una puta leyenda.

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