El Sr. K. abandona el Lucky

Si un día un autor me dijera: “Aspiro a conquistar un lenguaje escrupulosamente antiliterario, y, al mismo tiempo, profundamente estético”, yo le diría: “Creo que estoy contigo, aunque no sé si te entiendo.” (Jesús Ferrero)

Calcula el año en que vive. En Knockemstiff (Donald Ray Pollock traducido al español por Javier Calvo) alguien ha puesto un Belén en el escaparate de una tienda donde entra el Sr. Klamm a comprobar si el joven Billy Jr, a quien ha contratado para representarle tras un mostrador donde se pueden observar numerosos fósiles, está haciendo el trabajo para el que ha sido encomendado: Servirle. Porque nadie, excepto el Sr. Klamm, entra en la tienda del Sr. Klamm. Billy Jr debe estar en pie, muy firme y con la cabeza bien alta, para que el Sr. Klamm, que ha puesto un Belén a la entrada de la tienda de la que es propietario, pueda verlo trabajar para él a cambio de un bocadillo de foie gras al mediodía y un bocadillo de atún en las noches, antes de irse a dormir, sumado el café de la mañana, unas veces con un bollo de esos que prepara la buena esposa del Sr. Klamm, a quien nadie conoce en Knockemstiff ni alrededores porque, en palabras del Sr. Klamm, está en la casa preparando bollos y, cuando sobran, el Sr. Klamm, generoso, lleva uno a Billy Jr, para que lo moje en el expreso y las gotas le escurran por las manos ante la mirada cómplice del Sr. Klamm las veces que decide sentarse con él en la única silla que hay en Knockemstiff (Sur de Ohio, EEUU). Hago una pausa para llamar a Laura Pausini. Dice que necesita una ducha. Dentro de una hora estará en su puesto de trabajo (Recursos humanos), haciendo entrevistas a chicos y chicas que cantan y, sin duda, quieren ganar. Lauri es muy simpática. A veces se escucha al finalizar las grabaciones de las entrevistas y se pregunta: ¿Esta soy yo? Pongo Ligeti en Spotify. Le doy a “sonar”. Billy Jr lo tenía todo, elegía a chiquitas a dedo para pasar la noche. Para que pudieran contar que se habían acostado con Billy Jr, hijo de un escritor famoso (“Maldito desde la cuna”, traducido al español por Javier Lucini, novio de mi prima y librera Marta Velasco), pero quiso ser su padre, escribió tres novelas y se murió. Hoy trabaja para David Ohle, autor de la estupenda Motorman, traducida al español por Juan Cárdenas, que también fue librero, como yo, como Álex Portero (que me la recomendó) y como el Sr. Klamm, aunque el Sr. Klamm sólo fue librero de sus propios libros que, según dice David Ohle (editor) fueron, en realidad, escritos por su señora, una invención del Sr. Klamm, según cree Billy Jr, absorto, las veces en que el Sr. Klamm no pasa por su tienda, en una colección de fósiles. Se pregunta solamente si serán auténticos o no, pero no se atreve a tocarlos como no se atrevería a escribir su nombre real en Google, de haber conexión a Internet en Knockemstiff, de haber teclados y ordenadores en Knockemstiff. Sólo me queda una cajetilla de tabaco. David Lynch ha vuelto a fumar en Damnatio ad bestias, de Alberto Ávila Salazar, incluido en el libro De Orfeo a David Lynch como Epílogo narrativo, que el autor de “Roberto Alcázar, supongo” ha terminado de leer esta noche (10/12/15). Es jueves. Si se quitase del Facebook… ¿Quién lo leería? ¿Él se leería? Laura Pausini ya está en el metro camino del trabajo. El autor de Libros del silencio se murió hace dos años, quizá tres. El Belén del Sr. Klamm luce en el escaparate de la tienda de fósiles verdaderos y falsos del Sr. Klamm, donde Billy Jr es poco menos que Rimbaud en Abisinia, come bocadillos de foie gras al mediodía y bocadillos de atún en las noches, antes de dormirse en el pesebre, junto con María, José, la mula y el buey. Santa Claus (interpretado por Antonio Banderas) va subido en un trineo tirado por tres poetas difuntos (Francisco Pino, Claudio Rodríguez y Juan Larrea). La cinta la firma bajo pseudónimo el tipo que metió una bala en la sien del dictador Gadafi. La producción es de la Casa Real Española. El bar de Marcial, único de Valseca (rotonda de Segovia) y de Knockemstiff está cerrado. Eurídice escupe sobre la lira. Honky Tonky Sánchez dice: Fin.

Foto: Javier Reta

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