Visita no guiada (Borrador)

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Introducción: (corregir de cara a historia)

Procuro explicarme la manera en cómo me llevo hacia mis hábitos, completamente cambiantes, así como fruto, todos ellos, de una vida monacal, aislada, en la que procuro comunicación de vez en cuando y, otras veces, agradecidas, en que esta sale de los libros, que me hablan y, sin darme cuenta en un inicio, comienzo una charla yo con ellos, como poseso, agradecidamente hipnotizado, como tomando conciencia de las cosas en un estado de ligera ebriedad que luego desaparece mientras tecleo, mientras informo al mundo o hablo con mis amigos o con mi musa, que desapareció de acá va a hacer una semana y, si bien no en presencia, le hablo, normalmente en sueños, le cuento cosas, como decía, sobre mis hábitos. Aquellas cosas que quiero comprender en cuanto a por qué se dan, los meandros y pequeñas rías que los conforman, que me llevan a acostarme temprano y madrugar, ponerme a corregir y luego sestear, soñar con mensajes que le voy a enviando en el momento en que me digo que para qué y me doy a dejar de hacerlo, no vaya a molestarla. Me habito en esta mensajería que es escribir en este programa. Puede ser que deje de hacerlo, pero, de momento, algunas cosas me sirven. Hay proyecto editorial que sacar adelante y tiempo. Me llevo lo que es de mi interés y luego juego tanto a lo que vivo como a lo que me animaría a vivir y, mientras, no sucede nada. Mientras hay veces en que suena el teléfono y es cierto que tengo ese programa llamado Tinder, pero no menos cierto que no sé cómo funciona. El resultado son historias. En sueños se lo cuento todo a ella, a quien soy o no soy en su vida, desaparecida en ella, pendiente de una biografía que se hará o no y que es solamente suya y lo que le rodea. Se está bien aquí. Mi próximo pedido librístico será para cumplir el nuevo año. Me dije hace un tiempo de dar importancia a las historias por lo que son y establecí la regla de no hablar de amor, posiblemente me llevó a ello el éxito de mi primer libro, mayor en cuanto al del resto que he hecho, y que preferiría no haber escrito, donde yo hablaba a una persona sin rostro y de nombre inventado no por mí, sino por ella, no existente, perdida para bien. A diferencia de la musa, así la he llamado, acaecida en este pequeño texto. No importa lo que haga. Será real. Pero insisto en mi lema: No hablaré de amor. Estos son mis días, mi pregunta del inicio del texto acerca de los hábitos. Una vida plena en su vacuidad. Un éxito llevado a cabo tiempo atrás.

A solas con el fantasma: (Pieza céntrica)

Estoy encantado de ir conociendo a alguien cuyas decepciones cuesta compartir con cualquiera. Mi desolación se maneja en tamaños medianos, no son exactamente cubos, aunque pasan por ello, eso sí, sin excepción tienen una parte rota. Juego a colocarlos y, una vez que lo consigo, vuelvo a tirarlos al suelo. Soy consciente que es un método de lo más irracional para desprenderme del hecho de que ella pueda concebirme como un cualquiera. En la primera terapia nos dimos a beber e incluso a meternos mano. Sí, mi amor, el sexo está sobrevalorado. Es algo que aprendemos demasiado pronto y, no obstante, ahí que seguimos, con su consecuencia en mente para guarecernos de los dictados del día. Poco a poco, es una impresión mía, agarraremos nuestras manos y el llanto será compartido, no como durante el primer día. Tres lágrimas de sus ojos que acudió a limpiar antes de que se dieran a caminar por la blancura de sus mejillas. No puedo saber si ella intuía que yo habría procedido a sorberlas. Un día de estos le tengo que contar un gran fracaso. Intenté realizar un autorretrato con lágrimas sobre un folio en uno de los días de encierro acaecidos durante los primeros dos miles. El resultado fue un puzzle blanco más destinado a la papelera. Tras lanzar ese boceto, me di a mirar lo que había dentro. Son las mismas cosas que hay hoy. Mi cabeza acompañada de cosas que le pertenecen a ella. Iré separándolas para que las recoja en su próxima visita.

Ilusionismo: (Nota aclaratoria, por si necesaria)

Me siento muy querido hoy al haber sido rechazado por cinco mujeres (no tinderianas que sé, a buen seguro, me quieren mucho). Esto es maravilloso de cara al negocio de cervecería del tanatorio. No daré datos sobre ellas, la más conocida, mi ex, está cubriendo Black Friday y ha sido la mujer de mi vida (yo no he sido el maromo de su vida, pero he tenido suerte y me quiere mucho más de lo que ella, dice, podía creer), mi flechazo más reciente está bebiendo, una cosa que vivo muy comúnmente a su lado mientras ella quiera (que nunca sé cuándo es). Las demás… bueno, las demás me quieren más todavía. Sabéis quiénes sois y, si no doy nombres, es por si empiezo a echar en falta a alguna que merecería estar y mis agallas no se han decidido a ofrecerle en bandeja el NO de turno. Pero contento. No sé quién de vosotras dirá unas palabras en ese entierro multitudinario (dentro de unos cuarenta y cinco años). Por favor, la que sea, amor mío, por supuesto, no trates mi memoria con severidad, que no fui nada, excepto legendario y, vosotras sabréis, yo me atrevo a decirlo: aunque no elegido, sí muy amado.

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