Vida literaria en lugares de creación de publicidad, pasta y diseño (III)

Nota con la que da inicio el relato Gloria aleluya, ¡adjudicada!, de Woody Allen: El portal de subastas por Internet eBay ha adquirido una nueva dimensión espiritual con la aparición de un vendedor que ofrece oraciones a cambio de dinero. El Hombre de las Oraciones, como se hace llamar, con sede en el condado de Kildare, Irlanda, subasta cinco oraciones, y la puja por cada una de ellas parte de una libra. Los interesados con acuciantes necesidades espirituales pueden comprarlas inmediatamente por cinco libras (de una hoja parroquial, agosto de 2005).

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Mi mejor amigo parecía interesado por la nada, no ya en la literatura, sino en el todo, cuando su afán por la nada le era más bello (más cierto) en la nadería. La nada (devenida en nadería en este caso) que nos viene y que es esto, pereza y trabajo, trabajo y pan. Marco Aurelio, el imaginista, veía mordeduras de bestias en el mediodía de un mendrugo de pan preparado exclusivamente para él y dejó escrito que los hombres, hagan lo que hagan, siempre serán los mismos, solía sentarse en su despacho y escuchar a la gente importante, aparte de a su mejor amigo (yo), que no existía y, además, cuando podía (que no necesariamente cuando quería) se daba a la desaparición (por aquello del follar y, usando la misma fortuna, hasta ser follado, por mucho que fuera en los imaginados labios de una Pasionaria difunta, Dolores Ibárruri, muerta en Madrid en noviembre del 89 mientras un niño intercambiaba cromos de fichajes, como Laudrup y Koeman, en las escaleras del patio del eterno recreo de un colegio alucinado y, además, del Opus -esto es: alucinado, y también alucinógeno-).

Elisa Velasco, años antes de mi periplo como gran amigo de mi gran amigo, no obstante después de que Dolores muriera, en su finito poemario (que contiene dos poemarios), editado por Ocnos, escribía una buena definición de lo que implicaba ser maestro en una escuela de creación literaria:

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“Soy experta en algunas cosas inútiles que me / sirven para sobrevivir. / Como contar mi historia, por ejemplo.”

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Eso lo sabría hasta, con el tiempo, no diré todo, pero sí una buena parte del alumnado, de los diferentes alumnados que pueblan de herencias un sueño equívoco respaldado por firmas que, poco a poco, como un día resultó la del brillante crítico literario Alejandro Gándara (Mi ex amigo Alejandro sabía beber, pero elegía muy mal lo que bebía, Juan Carlos Suñén dixit que, mientras daba cuenta de su Cardhu con hielo, añadía que su ex amigo era capaz de beberse una botella de Patxaran y quedarse tan ancho), se iban haciendo a sí mismas, entre la boutade y la lectura, o la media lectura, aparte el horno, que contenía fortunas más o menos nuevas de gente bien (algunos ni sabíamos que lo éramos).

Dato de probable interés: En Alcohólicos Anónimos (sede de la calle Carranza) hacíamos lo mismo que la gran Elisa Velasco (hoy Función Lenguaje) en sus tres versos. Cabe añadir que había en la sede tanta o más cultura, y mejores entendidos con respecto al ligoteo (y hasta con respecto al folleteo), y las sesiones costaban la voluntad (aproximadamente un 0´1%, siendo generoso, de lo que costaba lo otro -eso sí, se le daba menos a la droga-).

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Y yo, con el tiempo, colocado de mocito en Hotel Kafka, donde conocería al maestro Reig, Rafael Rafa, casi eterno bajo la camiseta de la peña de su pueblo (yo también llevaba la del mío, no se fueran a pensar que uno no tenía pueblo y, menos, peña). Reig ocultaba varios pilluelos en la gota, había honestidad en el interrogante de su mirada, que era de mago de bar, y había la promesa de la venta de un gran libro suyo, que acababa de editarse por ese entonces, Manual de literatura para caníbales (Fdez-Cuesta). Obra recomendable, junto con Autobiografía de Marilyn Monroe (Pote Huerta) y el compilatorio más o menos mamporrero Visto para sentencia (Constantino Bértolo), de un autor de panfleto político, pensador, pensado y ágil, pasado por los discursos a los académicos de Kurt Vonnegut y amante, más o menos, de la vida, los whiskachos, la literatura y el ajedrez. A mí me han confundido a veces con su amigo. Ya quisiera yo ser amigo del gran Reig. El último día que lo vi, su chica, la bella Viole, a la que saludé con efusividad, como era mi costumbre, me dijo que es que ya, sin el roce diario… no era lo mismo. En fin…

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Ya casi curado de una pequeña gripe (gracias Codeína) he decidido pasar el día con mi sobrino que, en su sabrosa inconsciencia, arranca tallos culminados en flor para dármelos y que los guarde en un cubo que la mayoría de las veces no llevo. Le suelo preguntar qué ha soñado. El otro día me dijo que con papá. Yo también sueño con papá, le digo, con el mío, con el tuyo y con todos los papás. Él me miró fijamente, como si estuviera diciendo algo lo suficientemente importante. Es importante no perder eso que llaman fe. Es de donde proceden los sueños, también los que me invento para charlar con Marco. En sus brazos, así como él en los míos, aceptamos, de momento, la herencia de lo que se ignora.

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Ilustración: Esto no es Kansas, querida Dorothy; óleo de Roberto Alberto

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