Una explicación brevísima acerca de mis idas y venidas de las redes sociales

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A veces doy con la respuesta de mis idas y venidas en cuanto al programa. Al impulso de eliminar mi cuenta y, con ello, ciertos textos que arreglar que no necesariamente, por pereza e inseguridad, he almacenado. Va la cosa de no arreglarme con/en uno de mis personajes o roles. Son demasiados, lo que me hace uno más. A veces me parece descubrir personas que viven en un sí mismo rotundo, no puedo dejar de seguirlas hasta ver el fallo, hasta comprender de dónde adolecen. Y huyo de mis caras porque me veo en ellas, como cualquier hijo de vecino no dado a la psicopatía. Me es contraria esa frase salida del refranero de “gana fama y échate a dormir”, porque no hay manera de dormir salvo si es en uno mismo. A un tiempo no sé cómo pueden vivir algunos (hay incluso amistades que, en todo caso, lo fueron, o lo siguen siendo, aunque sea a ratos) que llevan su día a día bajo una tremenda constancia de mensajes medio anónimos donde son insultados de manera no justificada cada tres minutos, o reciben solicitudes imperativas de explicarse. Hay, lo digo con asombro, quien lo lleva. No sé si es ventajoso o no mi hábito. Les aseguro que uno, de veras, empieza de nuevo, que los clics empiezan de uno a diez y, por mucho que uno busque la identificación, lo conocido, mediante opciones como “personas que quizá conozcas” quien regresa es el mismo y otro a un tiempo, esto es, una paradoja fácil que también representas tú. Y sé que se me ve el fallo, la manipulación con la que introduzco este texto: Yo no me he ido, cuando lo he hecho, por estrategia, sino que ha sido mucho más mundano, despecho o hartazgo, tedio… lo que me lleva a pensar que no soy muy distinto, salvo en la forma de actuar, a esos casos donde alguien ha entrado a mi muro para decirme que soy tonto, por mucho que sea debido a que no le guste mi cara (no pasa nada, a mí a veces tampoco me gusta). Yo no lo llevo. Sin embargo, esta comunicación es lo más, me lleva a teclear, que es más agradable que arreglar la casa y menos difícil de delegar en aquel que quiera verla limpia y ordenada. Me dejo muchas cosas en el tintero. Me alegra que mi condición de disperso se vea a la legua, aunque hago por ser medido y procure alejarme de asuntos platónicos, de los que doy de comer, jaleado por la confusión, a una percepción con hambre.

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