Un par de conversaciones de bar

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¿Sabes, tío? Se me ha pasado una especie de chiste por la cabeza y me gustaría contártelo. Ahí voy: Tú y yo somos españoles. Vale, lo entiendo. No le ves la gracia. A mí, sin embargo, me ha parecido muy gracioso cuando me ha venido a la mente. ¿Imaginas por un momento que fuéramos jamaicanos? ¿O japoneses? ¿O norteamericanos? ¿O mongoles? ¿O Mexicanos? Pues al carajo: Somos españoles. ¿Qué? ¿Sigue sin hacerte gracia? Lo sé, en cierto modo es una especie de chiste no exento de, como mínimo, un leve patetismo. A veces me he soñado viajando, saliendo de España. Tampoco tiene gracia, lo reconozco. Coger un avión y… Eh ¿Te imaginas ver amanecer en El Congo? Yo lo hago a veces, mientras tomo el café de después de comer. Vale, no te convenzo, veo. ¿Y si lo digo así, poniendo esta cara y cambiando el tono? Tío, tú y yo somos españoles. Anda ríe. Hazlo, por favor, aunque sea por no llorar. En fin, puedes seguir mirándome así, en cierto modo me lo merezco. ¿Y sabes? Tú también ¿A que no sabes por qué? Exacto, man, ahí le has dado, porque somos españoles. Qué le vamos a hacer, ya, nacimos en este puto país.

…………..

A veces imagino que vago solo por el planeta. Sí, despierto una mañana y, poco a poco, voy notando como pequeñas ausencias que se van haciendo grandes hasta que descubro que soy el único ser vivo que queda en La Tierra. Vale, aceptemos que hay alguna planta. No las matemos a todas. Algo más, no sé. Digo yo que habrá que respirar, aunque sólo pueda hacerlo yo y… el caso es que me pongo a vagar sin rumbo. Compréndeme, al desaparecer la gente, es al menos mi teoría, eso del rumbo tampoco es que tenga mucho sentido. ¿Y sabes con quién me encuentro? Con Bob Dylan. Sabes que en buena parte, por mucho que haya escuchado todos sus putos discos y más de una vez, es un tipo al que en muchas ocasiones suelo odiar. Ya antes del Nóbel. Es ese famoso al que quiero y, no obstante, me quedaría tan ancho si pudiera acertarle un buen hostiazo en la jeta. Pues me mira. Le miro. Y soy tan idiota… ¿Sabes qué se me ocurre preguntarle? ¿Bob? Se ha extinguido el ser humano, encuentro a otro que, por cosas de la vida, resulta ser Bob Dylan y yo voy y pregunto ¿Bob? Él, naturalmente, no tiene por qué contestar. Mi hostiazo es prometedor pero no puedo hacerlo, bro. Menos aún después de mi ridícula pregunta. Pon que va y me responde en espanglish que quién coño soy yo. Eh, man, no tengo ni puta idea de quién soy, por mucho que tú fueras en una vida que, hoy, nos es ajena, un personaje perteneciente al folclor norteamericano y, sí, no lo olvido, premiado por la Academia sueca. Entonces, bien… Yo me llamo Alberto… soy más joven que tú. Y ¿Sabes qué imagino que me responde ese pedazo de cabrón? Va y dice: Joder, man, no esperaba que viniera nadie a joderme el día. Y se acabó, tío. Él elige un camino y yo otro. Sí, un día me crucé con Bob Dylan. Conoce mi nombre ¿Sabes? Entre tú y yo… es un don nadie. Espera ¿Estoy hablando contigo? ¿O estoy hablando solo?

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