Si tú y yo caminamos juntos ¿A quién de los dos le perseguirán los paranoicos?

He vuelto a poner el título antes de lo que sea que escribiré a continuación, que no sé lo que será. Sé que el título impone. Huele a utopía, y eso me invita a pensar que pronto será solamente cinismo. Como el calendario decía que era domingo me he duchado y cambiado de pijama. Veo mi reflejo en el espejo negro del ordenador. Recuerdo que la semana que se acaba acudí a cortarme el pelo a donde Javi, el peluquero. Dije: cortito. Dijo: ¿Mucho? Dije: Medio. Recordé buenos tiempos hablando con él. Me dijo que había estado en la final de Lisboa. Su esposa está haciendo corrección de estilo a textos de médicos. Le dije que le llevaría algún libro mío, si los encontraba. Me dijo que cuanto más loco fuera que mejor. Él sabe que ese es mi rollo, yo también, aunque no sepa por qué. Lo dije un día, luego me arrepentí de haberlo dicho y, por eso mismo, lo repetí más alto. “Reconocerás la dicha / al verla morir”, escribió Bataille mientras follaba con David Beckham. Beckham luego se fue con otra chica, y Bataille, el autor de Lo imposible, se pegó un tiro. Dejó mal (por debajo de él) a Van Gogh en el artículo de una revista, luego lo sacó Adriana Hidalgo, junto con otros de sus artículos, bajo el título de La conjuración sagrada, donde se olvidó de “ser poeta”. Regresando a casa pasé por la plaza del pueblo, donde Luis (autor del bar ese que hay en la plaza) me llamó guapo. Luego dijo: Ya no saludas. Dije: No te vi. Tomé dos whiskies y luego me arrepentí y, por ese mismo motivo, por el que hubiera pedido otro, pedí una cerveza sin alcohol. Luego llamé por teléfono a Laura y hablé con ella. De amor, supongo. De la libélula que se muere por hacer de sí luz y alumbrar el viejo pantano por donde asoman enormes sapos que a veces lloran. Cosas de esas. Noté frío. Fui a casa de papá. Me dijeron guapo. Me dijeron que me sentase con ellos, que estaban viendo una película sobre la vida real, pero desde inicio de 2015 no se puede fumar en el salón de la casa de mamá. Dije a papá y a mamá que gracias y que los quería. Subí a la habitación de la boca. Tecleé “amateur” en el google y me masturbé por compromiso con el impulso que me había llevado a teclear “amateur” en lugar de “Facebook” o mi nombre. Mi amor dice que si hacemos el amor (si ella me folla, si yo la follo y si, mejor visto, follamos juntos) se acabará el mundo. Yo la creo porque ella es tan hermosa. Luego se me olvida y luego lo vuelvo a recordar. Hola Alb. Hola, amor, quería “oírme” en tu voz. Al día siguiente cogí un autobús y me planté en Ópera, apenas se veía nada en la cafetería La buena vida, donde Manuel Astur presentaba un libro que había escrito bajo el título “Seré un anciano hermoso en este gran país”. Cerrado. Fui a los Austrias y tomé dos whiskies. La camarera sonreía. Pensé que la felicidad era una camarera sonriendo y un whisky en la mesa. Luego llamé a mi amor, a preguntarle si estaba bien. Pensé que la soledad era una pulga de jamón y queso sin tener hambre y pedí una, pero no había. La camarera sonriente fue sustituida por otra que también sonreía, pero menos. Le pregunté si era muy atrevido por mi parte pedirle que se sentase enfrente de mí y que hablásemos de la música que le gustaba. Me dijo que “no podía” y me llamó “amable” y “usted”. Pedí perdón por tener nombre y cara, pero lo hice en voz lo suficiente bajita para no ser oído por nadie. Antes de que se acabara la cobertura escribí en Facebook: Hola señores, soy la mamá de Alberto. Dejó una nota en la que me pedía que escribiera aquí en el caso de que se hubiera muerto y que añadiera Llueve en Aluche, Valseca, La Calera y Brunete. Y: Aunque no llueva. Aunque haga un día de sol espléndido en las terrazas de Preciados, en la florecita que hay a la entrada del mercadillo de Antón Martín. Suena el teléfono:

– Albertito, seguro que estás follando, eh cabronazo!

– ¿Quién es usted?

– Yo eh, yo ¿Es usted Albertito? ¿Don Alberto? eh… ¿Alberto Ochoa?

Envío un Whatsapp a mi amor: Le digo que estoy muerto, que la quiero, que creo que la necesito más que a nadie y nada.

Foto: Javier Reta

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