Saben que existes

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Mi dormitorio es la habitación número 312. Hay una cama de tamaño medio, una mesa, un cenicero, un par de cajones, un armario, una alfombra, un libro con alguna que otra página arrancada, una lamparilla, un cuarto de baño. Esas son, básicamente, las cosas que veo al entrar. También hay una ventana cerrada. Desde la número doce también se puede ver nevar. El paisaje da a un par de farolas, un parking destinado a las visitas a los diferentes pacientes que componen el edificio rodeado de jardines. Es el lugar donde fumo y donde duermo. Me llamo Álvaro. Aparte de hacer vida acá recibo visitas de doctores, bedeles y enfermeras. Llevo sólo diez días interno. Visito despachos de psiquiatría, mi madre ha asegurado no faltar ningún domingo, trae con ella un cartón de tabaco y el último día me dio un billete de 20 € que guardé en uno de los cajones. No hay dónde gastarlo, pero lo acepté. Quién sabe. Me dijo que atendiera bien. El doctor de turno entra. En un principio no logro identificar su nombre bordado en la bata. Pregunta si soy yo el señor Aguilar. Le digo que sí. Saca unos papeles y ordena que los firme. ¿No puedo leerlos antes? Me responde que no. No se preocupe, Sr. Aguilar, yo soy el Dr. Vélez. Veo que tienes cigarrillos ¿Me das uno? Bien, durante los tres primeros días fui quien procedió a concederle un brick de zumo de melocotón en las mañanas. Lo hice por miedo a que se deshidratase. He hablado con su madre. Firme, no lea, firme. Aquí tiene un bolígrafo. ¿Quieres leerlo? Bien, yo tengo encendedor. Lee ¿Ves? Es sólo confirmar. La fecha es la de su ingreso. Papeleo ordinario. Usted fue ingresado en un estado lamentable. No, no le reprocho que no se acuerde de mí. Dr. Vélez, Diego Vélez. ¿Has notado, Álvaro, el olor a plástico quemado? No es plástico quemado, es… firme, Sr. Aguilar. El alcohol a veces provoca estragos ¿Sabe? Los doctores han detectado en ti una potomanía no suficientemente severa. Según lo que pone ahí no es necesario cortar el agua ni evitar las esponjas. Puede usted beber toda el agua que desee del cuarto de baño. Los bedeles seguirán trayendo píldoras ¿Sabes? Te han subido la dosis y yo lo respaldo. 30 mgs. Eso es todo. Este tabaco lo fumé durante una buena época. El Dr. Ramírez me informa de que no usa el resto de la planta. Es la hora de empezar a moverse ¿No crees? Algo de ejercicio físico a partir de mañana no te vendrá mal. Silvia, la enfermera ¿Ya la conoces, no? Bueno, seguramente habéis coincidido ya. Bien, un garabato y ya está. Le decía que Silvia le recogerá tras el desayuno. Tranquilo, tendrá tiempo de fumar un cigarro antes o incluso dos. Silvia le recogerá y le enviará al patio junto con otros residentes. Nada del otro mundo. Coger un poco de forma. No estaría de más que incluso perdiese un poco de peso ¿Quieres que te encienda un cigarro de estos tuyos? Tengo otros tres pacientes que ver en esta planta. Verás, Álvaro, tu madre me dijo que te esforzabas, que eras un tipo inteligente. Las madres son así, sí. Respecto de los informes, muchos bedeles aseguran que su inteligencia es comparable a la de una hormiga o un pato. No me lo tome a mal. Es por su bien. Por mí puedes estar despierto ¿Titubeo demasiado? La verdad es que yo no me lo noto demasiado. Puedes estar despierto hasta la hora que quieras, sin encendedor, claro, conoces ya las reglas, pero convendría que te dieran la medicación sobre las diez y media u once menos cuarto. Bien, me llevaré su garabato. He de enviarlo a don Mario ¿Conoce a don Mario, señor Aguilar? No se pierde gran cosa, se lo aseguro. Las propuestas, como sabe, a Íñigo. Él lo anota todo ¿Sabe? Su sueldo y el mío, hasta donde yo sé, son idénticos. ¿Me he presentado, verdad? Soy Diego Vélez y reviso… expedientes, cosas. ¿Te sientes bien? Bien, sí, te enciendo uno y me voy. Este dormitorio está lleno de humo. Espere, necesito otro autógrafo. Aquí, es sólo una copia ¿Ves? Una para mí y otra para la administración. Está bien, Álvaro, puedes leerlas, pero no tengo todo el día. ¿Y ese libro? Yo tenía una colección parecida. Son clásicos, creo ¿Verdad? Sí, siglo XX o algo así. Está bien, firme y ya está. Son dos papeles idénticos ¿Ve? ¿Sabes? Eres joven. No sé si hago bien tratándote de usted ¿O debería hablarte de tú? ¿Poco importa, verdad? Mañana, tras el desayuno, en unos veinte minutos, Silvia te dará a conocer a la preparadora. Entre tú y yo, una mujer de armas tomar. A veces la sustituye un chico con voz de pito. Conocerás a gente del auditorio. Aquí hay muchas instalaciones y la piscina y el jardín del té son sólo dos de ellas. No, como le habrán dicho los residentes de esta ala, no hay té en el jardín de té. No sé si lo sabía. Hace tiempo lo hubo. Debió haber un patrocinador, pero yo no había llegado aún. Quizá es una de esas cosas que pasan de boca en boca y… He de irme. Creo que te he contado lo esencial sobre… gracias por el cigarro. Aún tengo que visitar… Perdona si hablo demasiado. Veo que tienes suficientes cigarros. No quisiera abusar, pero ¿Podrías darme otro? Soy un pobre doctor ¿Sabes? Sé que es triste pedir, pero… no, mejor no me des nada. He decidido que voy a dejar de fumar ¿Sabes? Este habitáculo ya tiene bastante humo ¿No crees? Pero quien lo ventila… quiero decir, no nos olvidamos de ti. Nadie, ni yo, ni don Mario, ni… Sé que tratas con tus compañeros. Entre tú y yo, aquí nada es lo que parece, ni los doctores son todos doctores, ni tampoco todos los pacientes son sólo pacientes. Bien. Sabemos que existes. Figuras en… ya sabes, el tejido. Marcho. Buenos días, Álvaro ¿Sr. Aguilar? Sí, me voy, se está haciendo… es la hora de irme. Me debo a… mis pacientes. No sólo tú, eh, el resto y… bien, Sr. Aguilar, soy el Dr. Vélez, tenga buen día y, por el amor de dios, coma mejor de lo que lo hace.

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