Porque yo sueño

0 No tags Permalink

Muy a menudo recuerdo unas palabras dirigidas a mí de un suicida del pueblo para establecer un inciso entre él y yo, entre su decisión y la mía. Vestía jerséis deshilachados que le iban grandes, llevaba gafas de sol de aviador verdes, las únicas que usó durante toda su vida, a menudo las tenía puestas en el bar, durante las noches de invierno. A medida que iba envejeciendo le faltaban más dientes, que eran delgados y amarillos como su cara. Chupaba del cigarro como si hubiera de elegir su última calada siempre, mejor si prestado. Cada vez sus gestos establecían mayor desorden en los contornos de su cara a la hora de reír las gracias a los señores. No recuerdo ni cómo se llamaba. Recuerdo que cada vez hablaba menos y cada vez estaba más solo. Le distingo siempre de mí en las palabras que me dedicó cuando yo era apenas un adolescente: «Si no sabes lo que es una mierda, mírate en el espejo». Las siguientes ocasiones (pocas) que volvería a intercambiar palabras con él en años le tendí las mías sólo por caridad.

Comments are closed.