POR LA ABSTENCIÓN, un artículo de Frank G. Rubio (en exclusiva para LSC)

Si existiera un partido de la abstención, con un programa de acción pacífica e inteligente capaz de sustituir este Régimen de poder oligárquico, falso y corrompido, por una democracia representativa ejemplar, las urnas quedarían casi vacías. En ese caso, las deserciones insignificantes de muchísimos individuos aislados darían lugar, con un punto común de referencia, a una protesta unitaria, coherente y de poder irresistible. Antonio García Trevijano

 

Pocos mitemas más difundidos y aceptados, por ello de muy difícil desmitificación, que el que considera positiva la extensión del derecho de voto urbi et orbi: su “universalización”. Como todos los enjuagues del mundo contemporáneo, basado en lo masivo y en el fundamentalismo democrático que es su correlato ideológico, esta expansión continuada da cuenta cabal junto con la fragmentación de las sociedades de una anulación de facto del potencial del voto correspondiente a la persona concreta en una sociedad mínimamente habitable. Cuyo valor tiende, al menos en las grandes ciudades, ya a cero; la igualdad degrada, rebajándolo todo al nivel mínimo. La disgenia ya no sólo es genética sino psicológica, en ambos casos propulsada desde el Poder. Procreación sin trabas en una sociedad superpoblada y comunicación viciada en el origen, productora esencialmente de ruido y de usuarios zombíes, resultan sincrónicas en sus afanes de propiciar el genocidio de la civilización…de cualquier civilización posible.

Salvo la completamente enmarañada con la Máquina que es la que emerge y la que figura en los  designios del Capital Financiero y de los Intraterrestres.

Pronto se pedirá el voto para los chimpancés, al fin y al cabo son de los “nuestros”, o para las máquinas inteligentes; los discapacitados psíquicos sólo excepcionalmente no pueden ya votar…es otra de las peculiares aportaciones que han llegado hace poco a nuestro ordenamiento jurídico bajo los auspicios de las Naciones Unidas y su peculiar concepción global de “lo humano”.

Se considera belleza, y como tal se difunde en la ciudad en numerosos anuncios, la repelente deformidad procedente del síndrome de Down y se propaga estentóreamente como “progreso” que hayan llegado a ser abogados o concejales alguna de las personas afectadas por esta patología. Y si te atreves a decir algo sobre estos absurdos, algo que no siga la línea general, estás tocando intangibles de una férrea y universal determinación cuasi religiosa. Una religión de imbéciles, pero religión al fin y al cabo, tan opresiva y sórdida como las anteriores.

Como podemos ver, bajo la cobertura de un buenismo impostado y perverso, las exigencias mínimas para ser votante se van rebajando cada vez más: turistas e inmigrantes ilegales pronto accederán también a este “derecho humano” cuya aplicación continuada aniquila todo potencial de transformación o cambio debido a la misma nivelación entrópica que provoca su drástica universalización. Tu voto vale, matemáticamente, uno partido por el número de los que habitan en tu circunscripción y pueden votar…Cuantos más votantes menos vale cada voto.

Y con ello también descienden los requisitos comunicacionales básicos para dirigirse al cuerpo electoral en época de Elecciones, la propaganda va dirigida a la mayoría silenciosa: si en ella se encuentran orangutanes o cuasi máquinas el nivel será el que percibimos en esos debates televisivos que son considerados estratégicos para el resultado de estas ceremonias de la confusión denominadas consultas electorales. Auténticos referendums postulados por una dictadura invisible.

Por ello es posible ver carteles donde se muestra a los candidatos como si fuesen infantes diciendo cosas tan curiosas como esta: Quiero ser Presidente para salvar al planeta. Patrocinado, claro está, por la despreciable organización “Greenpeace”: tripulada por filántropos millonarios y activistas fanáticos, autora de vandalismos irreparables en Perú y propulsora de los biofuels entre otras lindezas propias del fascismo verde.

De eso se trata: cada vez más votantes, cada vez más aislados, más influenciables, más infantilizados… No es raro que algunas personas, no discapacitadas, consideren absurdo votar cuando se dan condiciones de igualdad con auténticos babuinos morales o psíquicos, eso sí coetáneos ante las urnas. Como señalaba John Stuart Mckencie: La tiranía es usualmente atemperada con asesinatos, y la Democracia debe ser atemperada con cultura. A falta de ella, se convierte en una representación de la estupidez colectiva. Miau.

Cretinismo, vulgaridad y cleptocracia vienen en el mismo paquete, basta con ver el rostro de los candidatos para suponer la masa cerebral de sus votantes. Por ello y porque no existe el partido de la abstención, que no es otra cosa que una bien intencionada abstracción, porque uno es más importante que la mayoría y porque la democracia es parte del problema y no de la solución:

¡Al infierno con las Elecciones! Y con todos y cada uno de los votantes.

Y la primavera me ha traído la risa abominable del cretino…Rimbaud.

Autor: Frank G. Rubio

El fotograma elegido para la ilustración del artículo de Frank pertenece a la película Planeta prohibido

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