Nada importante (y un pequeño retrato del español medio)

El título de este post viene a considerar en lo que convertí esta especie de sitio de mi recreo. Algo que se inició con ínfulas de tipo literario o cronista que finalizó siendo una especie de constatación de fruslerías que, en casos como el que sigue, tiendo a rescatar movido por fotografiar cierto recuerdo más o menos concreto. Es una historia irrelevante y pactada con mi chica. Bueno… voy con lo que finalmente salió.

Recuerdo que era el año 2010 porque yo andaba compartiendo piso en la calle Amparo. En aquella época esto del facebook, aun pareciéndose en cosas básicas en cuanto a posibilidad de roles, era otra cosa, claro. Esto que acabo de decir ahora no es nada nuevo. Me da que fue la primera época que yo le di al chateo (que a veces abandono, como últimamente). El caso es que tenía bastante buen rollo por los muros con una chica cuyo nombre ya no recuerdo que resultaba ser un auténtico pibonaco, además de inteligentísima (la prueba en cuanto a esto último es que yo, mortal muy penoso, le caía muy bien). Pues recuerdo una noche, chateando, que nos dimos cuenta de que vivíamos relativamente cerca y, además, teníamos una amiga (o algo así) en común dotada de carne y hueso para ambos. Salió de ella proponer que quedáramos los tres un domingo de mañana para ir de cañas por Lavapiés. Yo encantado, recuerdo decirla, habida cuenta de que me era, ya lo he dicho, un pibón. Sí, llegué a hacerme ilusiones y de ahí vino que considerara llevar a puerto mental una serie de consideraciones indicativas de que, caso de quedar (cosa que no cumplimos), supe que estaba condenado a no pasar a la historia de ese momento de su vida. Ahí voy. Opción 1: Abusaría de las cañas motivado por la confianza que me daba la presencia de la amiga en común, finalizando excesivamente desinhibido y optando por inconsciencias que saldrían de mi boca y maneras sin permiso de mi mente, llegando a que me considerase, como mínimo, un impresentable, por mucho que cupiese una escasa probabilidad de toma de partido por parte de la amiga común de disculpar esa actitud mía. Opción 2: Me corto de beber y, a pesar de la amiga en común, me procuro un postureo de tipo de letras (no, no iba a colar). Finalmente no sólo acabo dándome pena en mi cuarto, sino que encima de haber elegido esa actitud, seguramente, una vez me he metido en el papel de Lord Dunsany, he terminado pagando yo todas las rondas. Hay muchas más, me corto, claro y me pasaba que la opción de la bebida no funcionaba y la opción de la no bebida hace que me bloquee o, como he contado, opte por esconderme en el pellejo de alguna que otra persona, dejándome a mí mismo en casa. A lo que voy, las opciones principales de estas pajas mentales se dirigían exclusivamente a diluir mi presencia, la de un tipo excesivamente tímido y sin interés alguno. Es más, ya lo he dicho, un pibonaco, cosa que hacía que me saboteara con pensamientos como aquel de que la miel no estaba hecha para la boca del asno y esas mierdas cuya base primordial es la autocompasión. Bah, no sé dónde quiero llegar. Ayer salí y mucho de birra y eso, aunque ya no es que esté muy acostumbrado. La cabeza muchas veces en Ana y la sensación de que nunca había sido un tipo tan afortunado como en la actualidad, que es algo que olvido mucho. Y no recuerdo el nombre del pibonaco que, aunque no lo parezca, me caía de puta madre. Sé por qué no lo parece. Es porque no quiero verme como un cretino. Ella fue legal y yo un rallao que buscaba aprobación, una idiotez, ya que ya la tenía. ¿Excusas, no? Pues sí. Ese es el fondo. Y también que han pasado ocho años y demasiados cuerpos y caras en mi mismo cuerpo y cara. No me gusta ninguno de esos cuerpos y caras, aunque me quede con que me molo mucho más delgadito, por nada, sólo por vanidad, por tontería. Vida frívola (algunos dicen que sana). ¿Qué será de esa puta y maravillosa gente?

……………

A veces pienso en los que están y en el cuando ya no estén, caso de estar yo, claro, una actitud incomprensible para la que parecemos programados a veces. Pienso en mi madre. A veces me pregunto cómo será y a veces pienso si tengo eso que la gente llama corazón. Y no es que, en un repente, no me perciba desolado, procurando una especie de pensamiento en el que la vida parte de cero. Naturalmente me disgusta esa palabra cliché que algunos usan: Resiliencia. Y, bueno, mi conclusión es que, de alguna manera, eso del tiempo va pasando y cobra en mi mente la voz de una frase que a ella le encanta y que a mí me es una desfachatez frívola. Ella desaparece, sin más, y tras mucho dolor le recuerdo diciéndome esa mierda de “Si quieres querer a los demás tienes que empezar por quererte a ti mismo”. Hay una mezcla de horror y vacío en esta proyección.

……………

Alberto Masa coge un taxi hasta Brunete un miércoles a las seis de la mañana y nota que el taxista se alegra mogollón y tiene la maravillosa idea de expresar que es su carrera de la noche a unas horas en que ya no lo esperaba.
– Bueno, los ricos somos así ¿Sabes, neng?
El tipo parece joven y es simpático, qué bien, piensa Alberto Masa, y le dice que es su mejor amigo, que nunca había visto un taxista tan salao. El taxista habla y Alberto Masa detecta una manera algo troglodita de manejar el castellano.
– Tú no eres de aquí. Debes ser de Polonia o Bulgaria, por lo menos.
– Soy rumano.
– A mí me encanta Cartarescu ¿Sabes?
Él no conoce a Cartarescu y Alberto Masa, un tipo con suficiente dinero en el bolsillo que habla de sí mismo en tercera persona, le dice:
– Pues muy mal eso de ser rumano y no conocer a Cartarescu, neng. Deberías conocer no sólo la obra de Cartarescu, sino que… Porque a ver, en Rumanía, quitando ese rollo de Drácula, ¿qué hay aparte de un par de bares? Rumanía es un puto pueblo. Desde que le dísteis matarile al Ceaucescu os habéis extendido por el mundo como los chinos, cabrones. Me decepciona solemnemente no sólo que no conozcas la obra de Cartarescu sino que no te hayas tomado una caña con él nunca. Eso es ser mal rumano ¿Sabes? Le estáis dejando solo a Cartarescu porque todos vivís en España y él se está aburriendo allí de la hostia por culpa de buscavidas como tú. Ahora empiezo a comprender que no me extraña que escriba tanto.
– ¿Pongo la radio? ¿Te apetece…?
– No, hijoputa, ya te he dicho que eres mi mejor amigo. Quiero hablar contigo hasta llegar a casa.
Y así fue. La cosa mejoró mucho. Aunque hoy sé que para él no.
No estuvo tan mal.
– ¿Sabes que lo que me va a costar esta carrera significa un viaje a Palma para ver a mi chica? Su vecina es rumana. Te voy a contar la puta historia de esa pobre mujer y tú me vas a escuchar.
Fue legal. No llegó a 45 €, lo que no deja de ser una inversión que manejo un par de veces o tres al año. Le di un beso al irme. Ya se habrá olvidado de mí, cosa que yo no haré jamás. No le pregunté su nombre. Lo único que recuerdo levemente es su nuca y esa jodida simpatía, única, la verdad, y que vivía no sé dónde bajo un feroz alquiler precario.
– Hoy soy tu ¿Cómo se llama el jefe de Zara? Joder, se me ha olvidado. Bueno, pues eso, estate agradecido, cabrón. Joder, qué buena mierda de viaje y perdona, tío, estoy hecho polvo de andar por ahí con colegas todo el puto día.

.

Comments are closed.