La una en punto de una fría madrugada en cualquier parte del mundo

Es el tercer día de la semana, pasadas las doce de la noche, cuando la puerta de casa se abre. Un tipo de aspecto desaliñado parece asegurarse de que ha entrado en la casa correspondiente. Sí, sin duda es su casa. Huele aproximadamente igual que él. Unas veces a nada y otras a basura. Alfre se quita el abrigo y lo cuelga de la única silla que se encuentra en pie. El resto de la casa es una especie animal que no se tiene. Por sus poros sale sangre, tanto pulmones e hígado se encuentran dañados. Alfre se lava la cara. Por un momento tiene miedo de que se le caigan los pelos de su cabeza y cara y se descubra así el pastel de lo que ha sido su vida. Un ir de aquí a ninguna parte en pos de una herencia culpable que tampoco es que mereciese. La luz del baño es tenue. Alfre sujeta su barba y una vez seguro de que su cara no ha caído a cachos echa la mano a la botica y saca un frasco de aspirinas. Deben quedar cuatro. Lo vacía sobre su boca. Es un gran día. Siempre que consigue volver es un gran día y conviene poner la mente en blanco. Nunca es demasiado tarde para llamar a Marian, su secretaria. ¿Dónde has estado estos tres días? Él dice no saberlo. ¿Otra vez tiene esa tipa la culpa? Él dice no saberlo. Por favor, Marian, dime qué ha pasado durante todo este tiempo. ¿Cuánto ha sido esta vez? ¿Tres días? ¿Cuatro? Te esperan en la construcción. Los grados de separación de la torreta. Algo de un puente flotante. ¿Qué excusas quieres que les ponga? Mañana como muy tarde tienes que estar ahí. A las ocho, no a las ocho y cuarto. Marian, esa gente es básicamente la cáscara de la que está hecha la especie. Alfredo, no quiero monólogos. Son las doce y media de un jueves por la noche. La tipa de la exposición ha llamado cinco veces. Parece cansada. No he parado de excusarte. Pero ese tema está resuelto, la construcción es más preocupante. Te van a buscar sustituto. A partir de ahí… tú verás si puedes permitirte mi sueldo. Marian, ella se ha ido. Un ella que contiene todos los bienes y todos los males del mundo. ¿Estás hablando de decadencia? Sí, es lo que veo cuando, al entrar, veo esta casa sin mí. Marian, me gustaría que estuvieses aquí ¿Sabes? Que cogieras un puñado de esta realidad y me la metieras en la boca. Sólo quiero desaparecer. Ya lo has hecho, Alfredo. ¿Tres días y medio para ser exactos? ¿Debería ser consciente de las sustancias que se han mezclado con tu sangre en estos días? ¿Debería… quieres que me calle? ¿Crees que estas son horas? Sí, lo son ¿Y sabes por qué lo son, tesoro? Porque mañana vas a estar a las ocho en la construcción. No estaría despierta, te lo aseguro, si no me fuera el sueldo en ello. Esa gente no te necesita. Tienen docentes a punta pala. Tú sólo eres una especie de obra de caridad para ellos, su niño bonito, si me tiras de la lengua. ¿Alfredo? Bien ¿Quién es ella esta vez? ¿Es la misma Ella de otras veces? ¿Has estado muy lejos? ¿Has montado en algún avión? ¿Un tren, quizás? Marian… por favor, necesito silencio ¿Ha llamado mi madre? Sí, claro que ha llamado ¿Sigue papá bebiéndose su pis? Alfredo, lo de tu madre y tu padre tienes que arreglarlo tú. Ahí yo no entro. Tu madre parecía obsesionada con la basura ¿Pero eso no es nuevo, no? No, no lo es. Te quiero, Marian. Mañana en la construcción a las ocho. Ya le estás robando horas al sueño ¿Comprendido? Iré, y solucionaré lo de la galerista. Eso es lo de menos. Confía en mí, Marian ¿Te he dicho ya que te quiero? Señorito, como mañana no estés en la construcción a las ocho despídete de mí como secretaria. Sabes que no soy de hablar por hablar. Estaré allí, Marian. A las ocho. Sí.

Alfre no cuelga el teléfono a pesar de que Marian sí lo ha hecho. Necesita decirle que no le abandone. Necesita contarle que el mundo de ayer era un jodido neón al que ha sustituido la cosmética de la realidad. Y ahí él es sólo un píxel. Necesito tu ayuda, dice después de colgar.

Afuera el enemigo ha tomado todo tipo de riendas, también las que a Alfre le son propias. A veces un cerebro no cabe dentro de la cabeza, se recicla y lo sustituye uno menor, pero más eficiente. Eso se repite el hombre, mientras ve que el reloj señala que son la una en punto de una fría madrugada en cualquier parte del mundo.

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Imagen extraída del blog Las cosillas de Carmen 

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