La Sandunga mismamente (25/03/11)

Queridos vosotros y ustedes, (Valseca, a marzo de 2009)
Sigo esperando que me llamen del tribunal médico.
Está hecho todo y calculado desde que dejé mi anterior trabajoría, sólo falta que me llegue una carta en la que ponga mi nombre y: preséntese.
Una vez un amigo me dijo: Mata a todos los gatos de tu pueblo.
Es así. Aprovecharía unas vacaciones de mis padres. Les pagaría con sus propis un viaje a una casa rural en La Nava, donde no hay ninguna cobertura.
Todo sería más fácil si matase a todos los gatos de mi pueblo, mi Valseca natal y amada. Cogería los cadáveres de esos meninos uno por uno y los colgaría en el salón. Esperaría a notar que empiezan a oler. Calcularía que fuese bien de noche (dos o tres de la madrugada), soltaría por el piso de arribota todas las ratas que fuera capaz de almacenar en un saco (muy fácil) y haría una llamada desde el fijo a la policía de Segovia. Diría que viniesen, que he matado a mi familia sin querer con un hacha. Decir: por favor, espósenme, soy un niño. Sólo esas palabras y dar la dirección, no escuchar nada de lo que dicen al otro lado y colgar. Salir de casa hacia el camino de Yanguas, que está lleno de eras y por donde no hay más que erizos y grillos.

Llegaría la patrulla de los chavalitos de un pueblo de al lado con sus pecas de pueblo que, cuando estoy meando en un rincón de la calle por donde nadie pasa durante la orquesta de las fiestas patronales de mi pueblo, de mi casa y de mi amor, me dicen con voz de hombre que saque el carné sin siquiera darme tiempo a que agote el chorro. Se acojonarían mucho con sólo ver la puerta abierta, el olor y dos roedores correteando, y más, oye: las luces, cortocircuitadas nada más colgar el teléfono, que no haya corriente, no se me había ocurrido hasta ahora: si la resistencia se aproxima a cero, la intensidad tiende a infinito, es decir, puentearé los conductores para que los primeros que entren (que estoy seguro que no van a ponerse ni a mirar los fusibles), tengan que hacerlo todo con linternas- (esto aumentará con mucho el número de llamadas e impresiones), también un cristal roto hacia fuera y los demás hacia adentro y sangre de gato puesta en la puerta tipo como cuando los maestros de la alta cocina le echan el caramelo a una torta.

Otra de ahora: cogería un spray negro y pondría en grande y mayúsculas en la pared de la entrada: Morid, judíos, pero sin tilde.

Más: Los gatos estarían en la postura de la crucifixión, unos boca arriba y otros boca abajo, sin simetría, al azar, y encendería unas velas en el centro junto a una imagen de san Antonio Bendito y, adjunta, la cita de Pío X “Dadme un ejército que rece el rosario y lograré con él conquistar el mundo”. Algunos de los gatos estarían decapitados. Una de las cabezas la dejaría a la entrada del lavabo, otra estaría en la pila, metida en un tubo de ensayo relleno de pis y gargarajos míos, otra… no sé, estoy improvisando.

El acojone que les entrará a esos guardias, todos desertores del planeta John Deere, haría que sacasen inmediatamente sus celulares para llamar a sus jefes, sus madres, sus novias con pecas, sus etc.

Yo, mientras espero en el monte, cantaría mis rancheras favoritas. Me llevaría una grabadora para cuando me pillasen tenerla conmigo. En ella cantaría: Cuando te hablen de amor y de ilusiones y te ofrezcan el sol y el cielo entero, si te acuerdas de mí, no me menciones, porque vas a sentir amor del bueno…

Valseca, calle Curato, 4 de la madrugada, cinco coches con luces en la puerta de mi casa, algún vecino siendo interrogado etc. Alguien con las manos en la cabeza, llamadas de teléfono, el alcalde despierto, la CNI, el Adelantado de Segovia…
Pasado el camino a Yanguas, puedes cruzar hacia otro donde hay más monte, yo seguiría andando y cantando: Yo soy jinete viejo pa los amores, no concibo Palenque pa embramarme, y como conozco el sarape por sus colores, también conozco la yegua antes de montarme…
Con lo lentos que son en este pueblo me daría tiempo, no sólo a hacer un greatest hits, sino a comerme once bocadillos de mortadela que habría hecho antes de ponerme con lo de los gatos. Estoy hablando de no más de veinte, pero esto es entrar con un azadón en los corrales después de las once.
Al final me pillarían y me quitarían la grabadora.

Con eso sólo hasta entrarían al blog clicando, sin excepción, en todos los enlaces (me refiero al ministerio de asuntos exteriores). Puestos a ser realistas, a lo mejor Planeta me ofrecería una suma de 25.000 € por mis “pensamientos” y mi tercer libro de cuentos (que logré dar por culminado por tercera vez ayer -si lees esto último, al menos, caso de ser amigo/a mío, felicítame-). No sé, calculo que lo penal estaría resuelto a esas alturas y yo sería un asesino de veinte gatos (aparte las sobradas razones que necesita un tribunal médico para una ligera minusvalía, con su salario, vivienda, bebidas isotónicas…), sí, me insultarían y tirarían alguna piedra los defensores de estos curiosos animalitos, los gatos, etc, sí, mis padres habrían sido contactados y estarían por la carretera La Coruña, sí, de camino, haciéndose preguntas, sí, etc, pero la que se habría montado sería otra. Es en esto, no en más ni en menos ni en ninguna cosa muy distinta, en lo que consiste contar o leer historias. Yo, al menos, oye, no veo otra.

Los tíos que vengan a agarrarme vendrán agresivos y a lo mejor con cámara de fotos o vídeo, ocultando en su seriedad el orgullo de los héroes -de los empleados del mes-. Si la resistencia se aproxima a cero, la intensidad tiende a infinito.
Estaría varios días en una comisaría de Segovia. No me harían, ojalá, mucho daño salvo para impresionar a los de la calle. A lo mejor me llevarían a una de Madrid para ahorrarse eso. Todo esto siendo muy optimista, incluso más de lo que soy, es decir: confiando en que me alejen de camisas de fuerza y neurolépticos -atípicos o no-.

Cuando todos esos pueblitos de alrededor quieran una palabra mía, que la van a querer, a lo mejor ya no digo nada de que estoy muy quemado con instituciones como la seguridad social o el tribunal médico, a lo mejor tampoco diría que simplemente soy un tipo que necesita cierta diversión en su vida, claro, a lo mejor les diría tan sólo, sin cantarlo y medio en susurro, igual que te lo diría a ti en el oído: Anteanoche fui a tu casa, tres golpes le di al candado, tú no sirves para amores, tienes el sueño pesado.

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