En un estanque dorado

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Esta es una noche que acabará, supongo, debido en parte a que, hasta ahora y desde donde llegan mis recuerdos, tengo la casi completa seguridad de que siempre lo ha hecho. Mi sensación, que no tiene por qué ser del interés de nadie, es que me encuentro inmerso en un viaje de ácido (uno de los corrientes, ni bueno ni tampoco uno de esos horrorosos malos viajes -tuve dos, les aseguro que recuerdo perfectamente haber tenido exactamente dos-). Es la realidad que manejo esta noche una en la que podría jugar en mi página web a descifrar coherencias acerca de un prisma de dios con el que, sin querer y también queriendo, me encuentro jugando. Me sé, por un lado, hacedor de cierta sustancia desechable que podría ser literatura y no tiene por qué serlo. Hace escasos minutos una información venida de la red me ha llevado a pensar si soy un buen ciudadano. Por un momento, hay muchos y de gran diversidad de resultados obtenidos ante la pregunta, me he visto malvado a mis ojos. Quizá todo lo que se ve no ayuda demasiado. La apatía llama a la apatía y uno puede tender, sin necesariamente querer, a atender a esa fórmula de necesitar cocaína para calmar los nervios producidos por una toma anterior. Equivocarse y atender el error sin embargo es una conducta meramente humana. En ese sentido sí me tengo consideración, claro. Procuraré, en definitiva, no desviarme del viaje y, a ser posible, de la atención que un amanecer de verano requiere, con sus buenas dosis de inocentes grajos silbando la llegada del alba. Quiero decir ¿Por qué no? Y, mientras me lo digo, me viene una imagen de Henry Fonda en En el estanque dorado. No es que uno sea mucho de cine, lo que no quita que el pueblo donde vivo se parezca bien poco a lo que uno recuerda de sus primeros celuloides (y casi últimos). Espero que no sea un simple flashback mientras me digo que en la calma que parece venir de un lugar ya conocido (luz de habitáculo), por hoy, todo es posible, hasta lo malo. Hasta el hecho de ser el propio mal encarnado en una figura que, a momentos, no me es correspondiente en el espejo del baño.

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