Dragó (Madrid, 3 de octubre de 1936)

Fernando Sánchez Dragó abre la ventanita de su dormitorio en Soria. Está desnudo y le entra bien ese fresquito de Soria. Entonces siente esa placidez indescriptible y reza un padrenuestro. Al otro lado de la cama un jovencito desnudo da sus primeras caladas a un Pall Mall. Sánchez Dragó, mientras, sonríe hacia el sol. El sol, ese sol que, en Soria, tiene un doble revés, le da en la cara. Qué bien se siente uno. Cómo mola Mahoma.
Él se recuerda joven y travieso escribiendo El camino del corazón, él, el primer jipi de España, recuerda cuando se encontró a un jipi ya máster, que no llevaba mochila, y le dijo que también había dejado de fumar porque hay que quitarse de lo que pesa. Que había que descargar para sentirse pleno. Y vaya si había que hacerlo, se dijo entonces el joven Sánchez Dragó, escritor de De Gárgoris a Habidis. Soria da paz, pero, joder, cuando yo me juntaba con los jipis esos. Yo iba por Tánger o su puta madre y no veas, coleguita. En Calcuta me bañé en el río ese, joder, porque mi poder superior me dijo: Venga, derecho donde los leprosos. Y bebí de esa agua, porque mi poder superior me dijo: Este es el camino. Benarés era una fiesta. Di unas brazadas. Me encontraba tan en la gloria, joder, ahí en el Gánges. Los leprosos me miraban. Me entendían. Qué grande es el Tao te king.
Un largo por allá, otro por acullá. Joder, dios, hace poco me había comido tres cucarachas. En mi habitación de Calcuta había escorpiones. En Soria hará fresquito pero, coño, eso otro era lo más. Y luego me encontraba con los coleguitas y, hale, el amor ¿Sabes? El libre ¿Entiendes? ¿Más de 15 kilos? A la cazuela. Cómo molan los santos evangelios.
Mi poder superior me dijo: Oye, si 15 kilos, a la cazuela ¿14´23 kilos? Y lo vi claro, joder. Amor ¿Qué haces fumando? ¿Sabes que es malo? En fin, estos niños. El vicio les gobierna. Yo, en cambio, no me dejo. Yo controlo mi vida y mis sentidos y, si tengo alguna duda, me echo un I Ching y a tomar por “saco”.

Soria mola. Es la hostia. En los países esos están acojonados. Porque llega el hombre de Soria. Los rusos. Joder, los rusos están cagados de miedo. Yo es llegar a san Petersburgo y dicen: Que ha venido el de Soria, y echan los pestillos de las ventanas. Entonces sigo mi camino hacia Pakistán. Yo, el primer jipi de España, leñe. Yo, que no soy nada. Yo, que soy este poquito de aceite sobre el vaso de agua.

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