Almacén facebookiano tras la intervención de la Ratita Presumida

0 No tags Permalink

Yo era muy soso de chaval, luego me volví chuleta. Una vez, durante el veraneo, una rubia que me sacaba tres cabezas me preguntó si estudiaba o trabajaba. Me hizo ilusión. Nunca me lo habían preguntado y nunca me lo han vuelto a preguntar en mi vida. Además lo dijo en el tono calculado. En el tono donde la distorsión de mi vida neuronal encajaba con cualquier frase que hubiera salido de su boca (preciosa). Para mí aquel ¿Estudias o trabajas? fue, lamentablemente, madurar. Me sentí durante tres segundos como Toni Soprano en Las Vegas de peyote antes de que existieran Los Soprano. Titubeé, entre la sosería, algo deleznable, y las ganas chulescas de crecerme, aún más deleznables, y dije que hacía las dos cosas, lo que era cierto y también mentira. Nunca hice nada, y esa chica se fue. Apenas recuerdo su cara, sólo que era rubia, vivía con otras estudiantes y que, tras la pregunta, mi vida prestaba conciencia de mis ridículos. Me sacaba dos o tres cabezas. Con demasiada poca información alzo el vuelo de mi delirio para imaginar que nos encontramos y procede a preguntarme si me gustan más los vídeos de gatos o los de perros. No estaría mal, a mí los vídeos me gustan de pavos, de pavos, gallos y gorilas haciendo el amor.

…………..

Me da que me vendría bien echar un polvo de reconciliación con una absoluta desconocida.

……………

Hartura de ciertas marcas literarias. Hartura de la Marca Kafka, de la Marca Borges, de la Marca Beckett, todas ellas destinadas a desfavorecer el tiempo y el espacio de autores cuyas tumbas vienen a ser estrechas y largas en eslóganes de pequeñas representaciones de ciudades (Las Vegas, la Expo y suputamadre). Venido de la confusión, de los mass media y de la casi siempre oculta mala leche que en ocasiones guía al cerdo primordial de mi alma (que adora a los cerdos, y también comérselos), no me veo capaz de cumplir con una lista de diez títulos librescos para finalizar el año sin cagarme en mi propia producción enalteciéndola como lo mejor que se ha escrito bajo pesebre de España desde mucho antes de 1492, e incluye el resto de mis hermosas letras de mierda envueltas en una faja inexistente llena de palabras vacías. Hoy escribiré, libros de libros que conducen a defecar nuevos y vomitar cuartos de baño donde no se acierta a intuir dónde está el váter, de tan lleno de cartas por leer. Bueh, que no tengo nada en contra ni de Vilas (bueno, un 4%) ni de las listas pero que, si me animase a hacer una, sería retro, moderna y, en resumen, una nadería más de una producción cachonda y apocalíptica a partes iguales. Lo demás es agua y se puede aprovechar para bañar al perro, de tenerlo. Ahora que lo digo, si no hubiera que cuidarlos más que a uno mismo, me gustaría tener perro. Lo llamaré como una editorial bonita que no conozca ni dios.

………….

Hay que empezar a pensar en que, según se va uno haciendo mayor, ya queda menos para el ingreso. Hoy intentaba dormir mientras no me dejaba conciliar el sueño la idea de entregar mi trabajo antes de la fecha estipulada por dejaros un regalo a mis cinco o seis lectores (que, eso sí, más fieles no los ha tenido ningún otro escribiense que, al contrario que yo, saque renta de ello en el panorama nacional) porque no sé si para entonces va a ser demasiado tarde (me explico: en los centros de salud donde a mí me ingresan no es sólo que no haya derecho a conexión a Internet ni posibilidad de tener aparatos bajo excusa de posible robo -dicen ellos que por parte de otros pacientes- es que, si se te ocurre decir allí, en calidad de paciente, que tienes una fecha de entrega para un proyecto literario es indiferente a que, como en el glorioso cuento aquel, confieses, ya sea a un psiquiatra, a una bedel o se corra la voz entre otros pacientes, que eres el nuevo Rey de España y te esperan para la coronación; y aprende uno a callarse no vaya a ser que alguno diga que de veras te estás creyendo que eres algo más que un paciente bajo la amenaza de que una opinión contraria ofrece la garantía de comenzar a elevar dosis). Aquí no basta con ser el autor más laureado y bonito de Eolas Ediciones, aquí hay que estar entre la creatividad constante y la muerte cerebral, entre la difusión del vitalismo y la jaqueca sin fin, entre los recuerdos de una juventud difusa y percibir a quien lo está viviendo… y al final nada acaba hasta que acabe, ni tampoco los proyectos de entrega, los putos plazos sin remunerar que configuran una dualidad poco vivida entre las horas que transcurren en cualquier reloj de cualquier país de un mundo caótico consistente en aquello que uno es (y, claro, no es) y aquello que uno representa. Pues eso, que si me dan permiso, me hago las cuatrocientas páginas antes de medicarme de nuevo, porque esto ni es hora ni vida y, la verdad, de quien vive mucho yo me voy fiando cada vez menos.

………..

Todo cuanto escribo tiene que ver con mi alma. Me explico: Mi polla es una pequeña (pero muy gorda) prolongación de eso que llaman alma. Todo cuanto escribo es una polla, buena o mala, pero personal. La experiencia psicológica a la que me remito con la palabra Alma ya es un jaleo de si me lees, mola y dura. A veces también trato la química, también mía (botica), sólo en lo referente a la posibilidad de correrme mucho y bien (eso que unos cuantos llaman calidad literaria). Esto podría ser mucho más largo. Añadir que hoy no me apetece nada hablar de dinero ni de las estrellas. Cierro ya este post: A lo que iba, mis libros tratan acerca de una polla, como he dicho, personal. Y odio, veo mucha polla impersonal, incluso facilista, alejada de sufrimiento. La buena literatura tiene que estar currada. Eso de Goethe de lo difícil y el bien es la relación que la letra mantiene con una serie de cosas excesivamente pollísticas y personales. Procurarse moderación tiene que ver con acabar el artefacto, que también es necesario. Como habrá usted notado, se trata este de un texto sobre la resiliencia.

………….

A ver si me hace feliz de una puta vez una de catorce. Hablo de la quiniela.

………….

“Los pocos textos que he dado a conocer, que escribí porque tenía que escribirlos, no sé quién me los dictó. Sólo sé que, cuando los escribía, era como un pájaro sobre las aguas, volaba sobre el papel como una mariposa. Me hubiese sido imposible reconstituirlos si hubiese extraviado la primera versión. Ello indica que lo que escribo una vez de un tirón jamás lo retoco. Me entra por eso verdadero pánico al tener que escribir de nuevo. ¿Y si no me dictaran?, me pregunto.” Péndulo y otros papeles (Cristóbal Serra).

Comments are closed.