Preludio de una borrasca, nota de Miguel Ángel Zapata

Hay escritores tremendos, voraces y tronantes. Alberto Masa es uno de ellos. Su “Preludio de una borrasca” (Eolas), que degusto a tientos porque su intensidad es devastadora, merece la suerte (sea cual sea esta) de los grandes talentos. Suena a Schulz, a Céline, a Gombrowicz, a los grandes poetas del horror y la gloria de vivir. Lírica del apocalipsis, apoteosis de la fragilidad de nuestra carne, transmutación del mundo que se da la vuelta, cosas así me parecen los párrafos de Masa en este volumen de hermosos textos, breves como la aparición de un pólipo. Fíjense que me obliga sin desearlo a mejorar mi prosa para no sentir que flaqueo. Un botón:

“Somos pocos, nuestras narices apenas aguantan un estornudo, tampoco tenemos dientes, acaso nos apañamos con un colmillo para degustar el pan de nuestras sopas de ajo, nuestros ojos están algo descosidos y sus hilachos aguantan mejor cuando cerrados, siempre dejamos en las almohadas algún trozo de piel, así siempre, pero algún día, digo, algún día…”.

Como dice Alberto, “el mundo empezó siendo una hermosa cabellera”. Y ustedes deberían leer este libro antes de que pierdan el último pelo. Bravo.

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