Mis escritoras (artículo dado a eso de la opinión)

Ha pasado el día de la mujer trabajadora y uno no ha hablado de la mujer de la letra -que suele ser la que le corresponde-. Voy a procurar ser breve porque esto, mejor, merecería un post bien hecho en mi web (lo que pasa es que uno hoy no se ha levantado con muchas ganas de hacer cosas bien hechas y, a lo tonto, la botella de Pisco chileno que trajo Marisa ya está, en su mitad, vacía. Cierto que queda mucho por hacer, así como que algo -menos, quizá. de lo que parece (¿Se nota que me las estoy dando de feminista?)- se ha hecho, por procurar para la escritora el papel que durante tantos años le ha sido, si no negado del todo -que casi-, dejémoslo en crudo. Dije que iba a ser breve, así que, de inicio, voy a dejar claro que, naturalmente, no os he leído a todas, pero admito que, de las escritoras del siglo XX, uno está con sus malditas -que, debido a su género, lo son el doble que, pongamos, un Rimbaud, y lo mucho de falso que arrastra su malditismo-. Mencionaré por orden de preferencia a unas pocas: Agota Kristof, Unica Zürn, Clarice Lispector, Armonía Somers y Leonora Carrington y, me voy a atrever, no se me vengan muy arriba, con tres españolas (entre ellas una viva): Ana María Moix (un poquito sólo eh, no empiecen a lanzarme sostenes), Menchu Gutierrez (no todo eh, así como de la que he señalado como mi favorita, la gran Agota, digo lo mismo, aunque a ella se le suponen razones distintas -de momento, como ven, uno no se ha mojado con las poetas, ya que sabe perfectamente el uso facilón que se le da en la actualidad a este palabro,y la más que mitológica María Zambrano (inspiradora, entre otros, de tipos tan dispares como Lezama y Cioran).  Nótese, para los que me conocen, que no he nombrado a Marosa di Giorgio, con la que guardo algo de amistad y algo que nada tiene que ver con ello y de la que me da por renunciar cuando, como ahora, cuando es el caso, me apetece ¿Se nota en exceso que no he hecho mención a Virginia Woolf?). De poesía voy a decir a pocas por mucho que haya muchas y muy grandes: Alejandra Pizarnik (más por la infinita ternura de enamorado que su presencia dirige hacia mi emotividad que por su obra (ya se me están enfadando, hay que ver cómo son ustedes, señoritas, no, también por su obra, aunque no tanto como puedan llegar a creerse), Wislawa Szymborska (llegué a ella tarde y me merece casi un monumento -sin el casi-), Elsa Cross (ya ven, simples afinidades) y, como marca Spain, me gustaría mencionar a Blanca Andreu. También a su homónima peruana Blanca Varela (dos debilidades). De entre las extranjeras sé que echáis de menos muchos nombres. Qué decir con respecto a Anne Sexton, Ana Ajmatova, Marianne Moore, Sylvia Plath o la efectista, muy vivita ella, de Sharon Olds. Pues que sí, que las he leído, pero que, vamos, opinad lo vuestro si gustáis, no son de las mías, al contrario que unas cuantas musas que os sabéis mías de este programa y que he optado por no mencionar. Todo llega, queridas amigas.

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PD: Olvidos imperdonables -al menos en lo personal- de la noche de ayer: Eudora Welty, Carson McCullers y Flannery O´Connor. Sé que faltan. Es inevitable. Me he limitado a mis flores (muchas de las que he colocado bajo la boutade «no son de las mías» lo son o lo siguen siendo. Mi buena amiga Cristina Á. de la Fuente me ha traído otro: Clara Janés (que hubiese puesto en el saco de esas adorables que «no son de las mías»), aparte de a Alice Munro (me he limitado a señalar escritoras cuyo material ha sido incluso objeto de estudio para mí, admito que a la Munro le tengo ganas). También me tentó hacer hincapié, entre las españolas, el de Josefina Aldecoa, lo admito. Me acordé de la magna señora de la ciencia ficción Úrsula K. LeGuin (no, no es lo mío el género literario). Por lo demás y ya que ha salido alguna Nóbel: Toni Morrison me aburrió profundamente, la Jelinek tres partes de lo mismo. De las que mi ignorancia sabe (¿Lo arreglaré?) es de Herta Müller. Y no se me escapa la curiosidad por Oates. No, me lo echarán en cara, pero no he mencionado a Gloria Fuertes, que es un estandarte. Y, cómo no, a muchísimas otras. Muy buenos días. Admitir también que uno se ha coscado de que no ha mencionado a Emily Dickinson entre las poetas. Y tampoco a Patricia Highsmith. (Yo creo que por hoy está bien, mujeres trabajadoras -por no mencionar, que haberlas las hay, a las que sois bien vagas). Abrazos.

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