Los jueves y el Sésamo (24/01/08)

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Exceptuando ocho o nueve mil idioteces, unas personas -tirando a pocas o muchas indiferentemente-, alguna isla donde den champán y cosas así, no me gusta nada en particular, de continuo. Salvo, quizá, los jueves. Me gustaría saber que es siempre Jueves y que mañana también va a ser jueves y al otro. Un montón de jueves de vida hasta jubilarse y que sea, por ejemplo, jueves otra vez. Los jueves son una maravilla del mundo mayor que ir, por ejemplo, aunque sea jueves, a cenar algo al guay de la comida vegetariana, aunque se sea vegetariano y aunque sea jueves, a comer cualquier cosa o no necesariamente, a lo mejor, tomar solamente una fanta. Porque el otro día fui y era jueves y, aun siendo jueves, no sabía lo que era una salsa de nombre aproximado Tayayiyaniy y, ese jueves noche, al no saberlo, le pregunté al señor que lo servía que qué era (no él ni siquiera el día sino la salsa en particular blanca con nombre para mí, aún hoy, desconocido) a lo que me respondió que el Tayayiiayayni era Sésamo. Pero yo, ay, maldita incultura, entonces (ahora sí, eh, que lo he mirado en el wikipedia y puedo dar todos los detalles que vienen en el wikipedia) no sabía, salvo la posibilidad de un barrio de raros como don Pimpón o Peregil y Caponata y los 40 ladrones esos, lo que era el Sésamo. Y lo dije. Que no lo sabía, tampoco, lo que era el Sésamo. A lo que el dependiente respondió corporalmente abrumado ¿No sabes lo que es el Sésamo? Y comprendí que era muy probable que, en calles modernas de una gran ciudad que no fuera Valseca -¿Sabría él lo que es Valseca?-, por muy jueves que fuera, no se podía ir por ahí no necesariamente sin saber lo que era el Sésamo sino preguntándolo a quien lo sirve caso de acceder uno a la posibilidad de comprarlo. Me pedí una cerveza y pasé del Tayainaqriy y tan a gusto, sin problema. Le pedí perdón, no fuera a haberle molestado siendo impertinente, por muy jueves que fuera y mañana no, sino un día siguiente viernes y estuviera sin mejor plan un jueves que comer en el vegetariano de la salsa que se llama Sésamo, es decir, hecha con semillas de esto y tal, en algún momento de cualquier día que correspondiera a esa semana anterior o la misma hasta el evento que surge de la pregunta, hecha quizá impertinentemente por mí: ¿Qué es el Sésamo?
Él no respondió. Y, seguramente, yo había sido un idiota disculpándome por mi jodida ignorancia o por no tener mejor plan que ir a un vegetariano normal y corriente, barato en precio y, encima, hacer una maldita pregunta sin ninguna relevancia ni para mí ni para el mundo ni para ningún punto intermedio que pudiera contenerse entre mi pregunta y noción de cliente y entre la respuesta de la otra persona y su noción de cualquier cosa que suceda un jueves por la noche.
Me tomé la birra y me fui. Por lo menos era Jueves, como hoy.
Porque son estupendos los jueves. Enormes. Una cosa estupenda en cualquier rincón de cualquier lugar del mundo. Hoy voy a cenar pizza, una buena, de las de los jueves.
Y si luego me da la energía y tal, saco el mortero, la sal y todo eso y me hago un tayayinihirni de esos en un plas. Por ser jueves.

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