Las confesiones (por mi cumple), por Aurora da Cruz

Un pequeño detalle para Alberto Masa en el día de su cumpleaños, con mi más sincera humildad y amistad. (Aunque hace tiempo empezamos con mal pie, espero que estén totalmente limadas las asperezas; por mi parte lo están). ¡FELICIDADES! Un abrazo grande y dulce.

“Ante mi taza de té, en absoluta soledad conmigo mismo que, he de reconocer, no sé ni quién ni qué soy, me hago fuerte, fundo ciudades imaginarias en lo que se enfría la taza. A veces hablo con Ella, que está en París, por teléfono”.

La soledad cava tumbas, y genera muchos problemas en el yo. Esto es lo que le ha ocurrido al protagonista de la novela, cuya personalidad se ha visto desdoblada en varias alteridades del yo, creando un mare mágnum de recuerdos, de presente y de proyecciones oníricas. A veces es el “uno” el que habla y otras veces son las “alteridades del yo” las que se hacen patentes, en una difusa alternancia.

La vida no es perfecta, y al final solo quedan los recuerdos, el yo que querríamos ser, las manías, las costumbres, las vivencias, los errores, los aciertos. De ahí que nos resulte tan cercana la novela, cualquiera puede verse reflejada. Todo puede cambiar sin dar tiempo a reaccionar. Con el transcurrir de los años se enferma la vida, algunos hombres quedan sumidos en un vacío existencial, un vacío que ahoga las entrañas y asfixia las esperanzas.

Todas las mañanas miles de personas cogen el transporte público y hacen el mismo trayecto una y otra vez, en un ciclo angustioso de rutinas. En un ciclo parecido, de vacío y de nada, se encuentra el protagonista de las “Confesiones de un hombre raquítico”.

“Confesiones de un hombre raquítico” de Alberto Masa es una maravillosa novela, cuya escritura atrapa al lector desde el primer párrafo. Muy recomendable para una tarde agradable de buena lectura.

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