Diario de tres lecturas, por Rosa E. Martínez

«Confesiones de un hombre raquítico»
Alberto Masa.

Ayer me lo leí de un tirón.
Cuando un libro me absorbe, no puedo hacerlo de otra manera.

Quizá, Alberto, quiso decir otras cosas, pero esta pequeña reseña es la interpretación de mi individualidad.

La pregunta que me hice, al acabar el libro, fue:

¿El ser humano no se ha dado cuenta de que es imposible salir de una habitación?

Y en esa habitación, que es cocina, está Ella, París, el loro, Tolstoi, la música, Hegel, la ausencia, el amor, su prima (hermana), Dios, Marco, su tía, sus padres fallecidos, su abuela Ciriaca, Pititi y sus ovejas, La Rosa, el blanco de Moby Dick que el vio en unas sábanas blancas limpias…..etc

Ese «etc» complementa el mundo, un mundo con un techo lleno de grietas y humedades, que parece querer caer, pero que no cae…pero caerá (esto último es mío)

Es una cocina que se agranda y se encoge, según el momento.
1. Al beber té (que se calienta más /pasado/ que se enfría /futuro/)… un té necesario para tener una identidad basada en los recuerdos y en una idea de felicidad.
2. Al fumar. El tabaco hace tangible su respiración, una manera inconsciente de sentirse vivo y a la vez una muerte lenta.

Una cocina con ventana, dónde entra la luz del día y la oscuridad de la noche.

Una cocina imposible de limpiar por otros (Él piensa que Ella podría)
Imprescindible sacar la basura generada, según el alimento de cada día.

El sexo con Ella, con la Rosa, con una prostituta… con él mismo.

Ese cartón de ácido, falsa puerta de salida… pero puerta de salida.

Un Dios mendigo (pide y no da).

Ese niño recién nacido muerto…

¿Quién es Él, quién es Ella?
Un mundo imaginario o real, eso que importa…

Inquietante ese epílogo final….

Un beso, Alberto.

Buenos días…

……………….

«Roberto Alcázar, supongo»
Alberto Masa.

No sé si habéis visto la película «Buscando a Nemo». Dory lo olvida todo ante su idea de felicidad siempre presente…
Y vosotros diréis ¿Esto a que viene?
Alberto lo recuerda todo e intenta componer con esos recuerdos una idea de felicidad que aleja siempre hacia el futuro.

«Afuera el pasado y el futuro son una broma en manos del otro»

Un prólogo como pocos he leído.
Un credo maravilloso:

«Creo en los dibujos en los que aparecen Adán y Eva con ombligo» (Qué gran frase)

¿Qué es poesía?
Una búsqueda que retrocede y avanza, y se hace presente en el escritor, en su discernimiento.

«No me entero de nada,
repito errores,
digo paridas en Facebook,
bebo vodka para brindar por esta vida
que no entiendo»
(Quién la entienda que levante la mano…)

Las mujeres siempre importantes para él, su abuela Ciriaca, y esa Ella con tantos nombres, como, por ejemplo, Cecilia:

«Si la vida metiese
su sombra a dormir
dentro de un ataúd
y el sol dudase,
yo cerraría los ojos
y sólo existiría ella.»

«Y eso, lo llamen como lo quieran llamar, es luz. Es Dios. Es Celia»

Escribir para vaciarse.
Alberto, en este libro se exprime como un limón con necesidad de azúcar para ser ingerido:

«Escribir/teclear es bailar solo…»

Recuerda a Umbral antes de acometer una glosa donde dice:

«Hoy, reflexionando sobre los cuadernos de Luis Vives, comprendo que el escritor es un falsario nato, un ser que busca el oro alquímico de si mismo».

«Voy a tomarme una pastilla para conciliar el sueño. No suelo hacerlo, jamás en los últimos tiempos. Pero hoy veo escritores»

Las palabras surgen, a veces desde la cordura, otras desde la locura ¿ Cuál de las dos palabras encaja mejor con la imaginación?

«Mi vida, le digo a la vuelta
siempre soñé contigo,
también antes de conocerte,
cuando yo aún no tenía una vida
a la que llamar vida.
Tan fácil como eso.»

Un beso, Alberto.

……………….

.

“Inconcreta desdicha”
Alberto Masa.

Como he dicho en más de una ocasión, leer un libro siempre es extenderse…

No todo el mundo puede enfrentarse al mundo de las sombras, no todo el mundo está preparado a una bajada a los infiernos. La noche oscura del alma es un paso inevitable hacia a luz.
Alberto masa, se adentra en sus sombras en busca de esa luz.
«Escribo para entenderme», dice en la página 11. Que importante labor es esa de entender y que manipuladora es la mente.

“Y aquí quiero contar la memoria que no tengo”, “comprendí que la inteligencia era un simple chisme”, “encontraba la voz de alguien anterior al hombre”, “nuestro miedo era también la pérdida del miedo”, “Yo iba para la nada”, “Mi verdad era otra: algo que había que verificar constantemente”… He subrayado un montón de frases maravillosas que despiertan mis sombras y las hacen más amigables. “A veces estar loco sólo consiste en ver el alma de la gente”, que bonita locura.

“Tu vida había desaparecido y te había convertido en un retrato”, me recordó un poema mío:
Un día me iré y tus manos sólo podrán tocar el hueco que ocupaba.
Mi recuerdo será un retrato con cara de muñeca, inmóvil, con ojos color tristeza.
Un día me iré y se que aullarás, como yo cada segundo aullo a tu lejanía que será desgarradora ausencia.

Sentir la ternura, que hay detrás de un mundo podrido, que nos pudre: “Al día siguiente el celador encargado de examinar mis heces, me dio laenhorabuena por haber defecado un diamante. Le dije que me lo enseñara, no fuera a ser una lágrima”. Yo también “pude palpar mi pena” y la tuya.

La madre, el hogar del vientre, ese miedo al corte umbilical, al desamparo, “El pánico me llevó a rezar varias veces mientras lloraba, diríase, por primera vez desde que me sacaron del vientre de mi madre”, “Existe un niño llamado Albertícola que está dormido en brazos de mamá y esta jamás le soltará”.

La esperanza, esa mirada a un futuro mejor que nunca llega: “Recuerdo abrir la ventana del baño esperando un milagro, pero sólo vi a os niños de los vecinos sacándome la lengua”.

Ella, esa ella, con tantos nombres, la mujer que anhela, la pareja ideal, la que sabe decir “te amo”: “Le hablaste de que había habido otras mujeres, pero que todas eran ella y solamente ella”.

Quizá vivamos en Matrix. Quizá Matrix sea un mundo encerrado en nuestra cabeza: “Son todo interpretaciones tuyas”, “Es duro vivir sabiendo que eres una ficción metida dentro de otra”

Todos hablamos con Dios, todos hablamos con nosotros mismos, todos lo escondemos bajo la piel y descubrimos nuestro nombre: “Hablo con dios en la ducha y siempre me repite lo mismo”, “Dije que dios residía en cada gota de agua”.

Y al fin la nada…

Un libro escrito desde el no-miedo, un libro valiente, una introspección devastadora.

Un beso, Alberto.

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