Acerca de un mail enviado a un joven creador

0 No tags Permalink

Hoy he respondido al correo de un joven ilusionado en el estudio de la letra que me escribió en momentos en que yo no estaba para nadie y apenas dejaba traslucir la intentona de hablar tímidamente conmigo mismo, llevándome a contradicciones no exentas del hecho de tomar una determinación resuelta en el regreso al hábitat materno de cara a recuperar la salud (aparte la cuestión de que exista la probabilidad de que mi hígado sea tratado, aún en el aire). El joven se deshacía en halagos hacia mis muestras más o menos literarias (por las que pago más de lo que me viene a cuenta) y culminaba su carta con un Saludos, maestro. Le he agradecido su interés cuanto me ha sido posible y mostrado el mío desde la precariedad. Mi mail, en principio, buscaba ser escueto, pero me he extendido más de lo que había calculado para decirle que también fui joven (aún muchos me tratan como un joven, de hecho) y que tuve a muchos maestros que en ocasiones forman parte de mi actualidad mental. En ciertos momentos también les mostré mi admiración hacia sus maneras, que formaban parte de su trabajo, porque quería que me tuvieran en cuenta como uno de los suyos, aparte mi intención de no descuidar mi verdad de ese momento, que mostraba una mente que funcionaba para sus enseñanzas, aparte para algún amor. Ambas cosas eran meramente platónicas. A menudo vuelvo a sentirme trasladado hacia la capacidad de alguien, incluso capaz sería de hacer ejercicios, ya digo, de admiración (identificativa) en lo que a eso respecta, incluyendo nombres y apellidos. Todo para advertirle que de todo ello me fue surgida una decepción de la que bebemos todos, más o menos enamoradizos, buscadores de algún tipo de belleza que habla directamente de nuestra existencia, del para qué estamos aquí, llevándonos a tomar decisiones de las que quizá asomar un rumbo, tomar partido incluso, cosa que, he añadido, yo no he hecho nunca del todo. Le he dicho que puede escribirme siempre que quiera, pero que no me llame maestro, pues mi experiencia en cuanto al calificativo me habla de personas de cuyo criterio he terminado rehuyendo. Que no suelo atender textos, pero que no me cuesta demasiado seguirle en la red, así como a muchas otras personas, aparte desearle ánimos. Sin querer me he venido un poco arriba al cerrar mi carta, ahora abierta, añadiendo que el talento exige cotas a las que uno responde siempre desde una mera intermitencia. Espero no haberle parecido demasiado solemne.

.

Comments are closed.