Entrevista 1º para la revista Vanity Fair. Un ciudadano llamado Masa, Alberto.

– Joder, Masa ¿No te da asco ser tan cojonudamente guay?

– Qué va, me mola. Además no se me sube a la chola ni nada.

– En serio, Alberto ¿Mola ser guay?

– Maaaaaaaazo. El olor de la gente, aunque sea malo. Todo en la vida me mola, joder. La vida es una puta celebración. Y estamos en ella. Joder, deberíamos hacer más el amor. No sé si se puede decir “follar” en esta revista.

– Bueno, a ti te dejamos, al ser tan guay.

– Qué rollo, joder. Las revistas molan. Mola la literatura. Uno huye de la vida, del infierno, y encuentra un infierno menor en las páginas de un libro, menor, mayor, qué más da, como decía mi amigo: La vida puede ser maravillosa.

– Hoy poca gente recuerda a Andrés Montes.

– Pues era un colega fenomenal. Le echo de menos. Una vez me comí una tortilla de patata con él escuchando a Little Walter y Howling Wolf

– No hay reparos. Molas, Alberto ¿Qué te ha dado Facebook?

– A mí me mola ese rollo. Más o menos. A veces más y a veces menos. He conocido peña, también a algún cabronaco. Y a veces me he confundido, pero vamos, rectificar es de gente decente. Molan los avances tecnológicos. España mismo se resarció de lo de La Armada Invencible ganando el mundial de Sudáfrica. You Know? Hay que reírse, si no todo puede convertirse en una lata.

– Cambiando un poco de tercio… Vuelves a Madrid.

– Sí, el nuevo piso. Ahora tengo un Día nada más salir de casa. He llevado ya la cafetera, ya sabes, para las visitas. Me llevan hasta whiskey. Se creen que todavía pimplo. Pues no, soy una persona rematadamente sana, salvo porque no hago mucho deporte. El caso es que fui a comprar unos posos al Día. Tenía 4 € en el monedero. Pregunté a un mozo dónde estaban y me señaló. Le dije que era nuevo en el barrio y eso. Nada, bien para empezar.

– Bueno ¿Y qué sorpresas literarias almacenas?

– Ninguna y todas. Empiezo de cero. Voy a Alcohólicos anónimos. A otros les va más el yoga. Yo no tengo problemas con el alcohol, pero me lío muy fácil y termino por ahí, por las esquinas, y me echan de todos los lados. La vida mola, joder, pero también hay que tener en cuenta que hay mucho aborregao por ahí. Yo soy una persona literaria. Extremadamente. La cosa consiste en caminar. Uno lee un árbol, por ejemplo. Es muy sencillo. Un ente sano no cesa de interpretar. Yo lo vuelco casi todo por las redes.

– Ya. Pero ahora ha gustado mucho tu libro sobre el hombre raquítico. Tengo que confesarte que Inconcreta desdicha me gustó menos. No lo vi tan acabado. ¿Son cosas mías?

– No. Inconcreta es que me metieron prisa en la editorial e hice una cosa con otra, pero hay para quien es un libro de culto. Lo que pasa es que yo, si me hubiesen dejado, le hubiese dado más a la tecla y hubiera sacado 40 o 50 páginas más. Hay quien lo interpretó como un libro de género. El lector de género, en España al menos, creo que en general, es un tipo aburrido. A mí me gusta la experimentación. Vine de ser dibujante y a fin de cuentas ese es mi rollo. El que sabe, comprende. Confesiones de un hombre raquítico es un artefacto que molesta menos al lector de género porque, a fin de cuentas, ve que ahí hay una historia de amor, o desamor, donde todo el mundo gana, esto es, con excepción del amor, que pierde. Aquí nos morimos todos, amigo. Esto es la vida. Y la literatura tampoco es mucho más.

– Lo que no quita que tú no sigas molando.

– No, pero, ahora en serio, eso son chuminadas. A mí me gusta comer bien, como a todo el mundo, y también me gustan las chavalas hermosas y echar un caliqueño o dos con ellas. O tres.

– Tienes fama de conquistador al que le sale todo mal.

– Son coñas. Tengo la cosa de no haber hecho mal a nadie o casi nadie nunca. La peña lo sabe. A mí me han jodido todos o casi todos. Esto es así y es una cosa personal que llevo con la alegría que puedo.

– En la revista no vemos en ti una persona esquizofrénica. Eso de oír voces ¿Te ha pasado?

– No, pero yo no oigo voces provenientes de mi cerebro. Yo oigo a mi padre cuando ronca, joder. Y a mi madre… verás, hoy me han llevado un televisor al piso. Pues no aparecía el mando. Y se han puesto a decirme, a mí, que poco sé de televisores, que dónde lo había metido. Yo no tengo ni idea de esas cosas. Ya no veo ni pelis. El caso es que mi madre me ha dicho que rece a mi abuela muerta para que se lo cuente a san Antonio. La he dicho que vale, que lo haré, y se ha callado. Poco sé de san Antonio salvo que tenía un perro. Me da igual si se untaba el pene de miel para que el chucho diese unos lametazos a la sombra de un olmo. Yo hago cosas de esas. Me han dicho que me van a traducir al francés, aunque sé que es un bulo. Aquí me quieren todos, pero si no fuera por la esquizofrenia y todo ese rollo no tendría ni para cinco cigarros diarios.

– Me han pedido que te pregunte por las cámaras ocultas.

– Me lo sé todo. Sé quiénes organizaron esa mierda y lo que siguen haciendo con ello, pero procuro ir recto cuando voy por la calle, a pesar de la cifoescoliosis. A mí la sapa esa de Armas-Marcelo me dijo delante de mucha gente que si me masturbaba y que si osaba interrumpirle. Le dije que sí, que le interrumpía por mis santos cojones, que yo osaba mogollón. Luego los lees y son lectores de chichinabo. Enteraíllos con ínfulas. Y yo leo mucho, créeme.

– Te enfada el tema. Saca lo peor de ti.

– Todas las injusticias. Las de los demás y también las que van en contra de mí. En contra de todos. Lo contrario del amor es la necedad. Se traiciona mucho en general. No soy marxista. En tiempos del marxismo hubiera sido más marxista que Harpo, joder. La Pasionaria no me llega a la altura los tobillos. Soy un ser social, un social-demócrata que tiene de milagro para fin de mes y sonríe y toda la pesca. Hasta bailo. Lo hago medio bien. No, lo de cantar, sólo de vez en cuando imito a Nat King Cole en la ducha, y a mis amores, al oído, cuando vamos por ahí, también les canto. Me sale muy bien la de Aquellos ojos verdes serenos como el lago. Ahora me estoy poniendo gordo. No es por nada y, afortunadamente, no se me ha hinchado la cara, aunque llevo barba y eso, porque la maquinilla me quema mucho. Es que como mazo de latas de atún. El atún es un buen invento.

– ¿Cerramos la entrevista con esa frase?

– Sí, además es que es cierto, uno de los mejores inventos que ha dado, pues… la vida, el mundo, esas cosas.

– En otra entrevista prometo preguntarte por autores.

– Me sé un montón, personalmente incluso, aunque me gusta más lo impersonal. Es lo que tiene la literatura. La verdad en la literatura es el verdadero artificio. La gente está hasta la napia de la verdad. La literatura, al menos la que yo hago, es todo menos verdad. Ombliguista la llaman algunos. En fin… me río de esas cosas. Yo escribo. No está mal. Procuro divertirme. La verdad se la dejo a los medios, que están todos podridos. Podridos de aburridas interpretaciones.

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