El anonimato

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Eras una penumbra, una cordillera donde la grava descendía rápidamente; eras, y eres, supongo, sí, eras, has sido y también eres el recurso de la gubia con la que desprendí el primer linóleo, el hígado que levita en un calabozo inventado a cuyo interior escupes desde el otro lado de las rejas. A veces es demasiado viable detener el tiempo, congelar el movimiento de un planeta, visitar ...

El albacea

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El portador de una llave acaba de elegir albacea para su testamento, allí se dicta que los primeros labios son flores flotando en agua muerta, que la luz es algo parecido a una mano y que el calor es un hacha atizando un suelo de nieve, la nieve, en el siguiente párrafo, es, a su vez, caspa en el hombro de esa ...

Los nombres

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A veces uno anota cosas con la excusa maquillada de recordarlas luego, pero aquí también el sol es un parásito que pudre con su luz las cabezas insomnes de las nubes, uno se bebe su sombra proyectada en la cal de una pared diciéndose que la vida es eso, una corrala donde abre la boca un loco que llama Águilas remontando el ...

Los andares

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Mientras una abeja resarce sus alas inútilmente en el centro de una telaraña uno se acoda en la barra metálica de una taberna y pide un poleo. El tiempo fue suyo, también de otros y entonces anochece, los girasoles, en la tierra son enterrados cada día a las nueve y es la memoria quien echa la tierra con las manos. Mientras las campanas de una ...