Resúmen de notas (facebookianas) de nuestro adorado mayo.

Pongamos que es una mañana cualquiera tras una larga sesión nocturna. Diría que estoy cerca del Sena, pero, los Trisketos me delatan -por no hablar de que en lugar de la Piaf suena Jose Luis Perales-. Estoy, de nuevo, en el barrio de Malasaña hará un año (y delgadito). Tipo Nouvelle Vague si no me delatara el color vivo de la camiseta. Esos “galanes” viejóvenes que viven su niñez desde la edad que quizás lleguen a cumplir un día. Pero con peor suerte, incluso. Y encima ya no estoy así de flaquito. Para nada.

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Mis escasos (y buenos) amigos apoyan mi inconsciencia porque confían que se encuentra en un lugar seguro.

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Me es preferible que una persona diletante, cuyo uso de la razón -también a la hora de leer, esto es, interpretar el orden del mundo y de las cosas- me parece atrevido por ingenuo, hable mal de mi obra.

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Si hubo un momento en que me dio por hacer poesías antes de volver fue porque, en el pueblo de La Nava, la enorme Paqui (única soltera de su “quinta”, ya merecidamente jubilada) me los cambiaba (con permiso del dueño) por botellines. A ellos les hacía soneto menor, no obstante, con eso que llaman duende y rima consonante en servilletas. Unas cuantas que me gané, caray. En mi intimidad, quizá menos oscura que la de don Alfonso Guerra -que, fíjense, le daba por escuchar a Mahler- y, por supuesto, menos que la de Ansar, a quien le daba por hacer no recuerdo ya qué otras cosas, uno hacía endecasílabos e, incluso, alejandrinos. También haikús, respetando el cloc original de la rana en el segundo verso (el de siete). Bien, a lo que iba, tras descubrir todo y menos de lo que hizo Georges Perec, naturalmente, pasé a otra cosa ¿A quién no le pasaría?… La única hazaña que me queda por finalizar (hubo ya una traducción a nuestro idioma que intentó “mejorar lo presente” en una traducción -tan posible como las hay del Finnegan´s Wake- de La disparition) es leer su obra más famosa, junto a la absoluta genialidad “Las cosas” (que, sin embargo, Anagrama no sacó en bolsillo), esto es, La vida: Instrucciones de uso. He de añadir: Ahí voy, esta misma noche.

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Tomando una Fanta naranja en un bar de ambiente:
– Oye, mi amiga dice que nos estabas mirando.
– ¿A ustedes?
– Ahora no te hagas el tonto, Marichulo! Dame tu móvil… Venga!
– ¿Para qué quieres mi móvil, hijita?
– Para darte una lección ¿Es que las lesbianas orgullosas de ser mujer y libres no podemos salir de vez en cuando a tomar un té sin que un hombre nos mire?
– Yo no las estaba miran…
– Excusas… dame tu móvil. Voy a ver si nos has tirado fotos para compartir con tus amigos los machotes!
– Bien. Toma!
(Media hora después):
– Ya está. He enviado un Whatsapp a todos tus contactos con la siguiente oración: Soy voyeur y víctima de una educación basada en la figura del padre.
– Osti.
– ¿Lecciones te da la vida, eh?
– Sí, maja, la verdad es que supongo que sí. En fin…

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Me llena de orgullo y satisfacción venerar, bajo certeza admirativa, a aquellas, sin ninguna duda, pues puedo y forma parte de mi honor dar fe de ello, grandes mujeres, en el día de hoy, egregias víctimas de mi laborioso fornicio. FELIZ DÍA A LAS MAMÁS!! (Que se sepa que acabo de felicitar a la mía). PD: Por cierto, qué feos que os han salío, los jodíos.

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“Cuanto más penetras el mundo de teonanácatl, más cosas se ven y miras nuestro pasado y nuestro futuro como una sola cosa que ya se llevó a cabo, que ya sucedió (…) Veo caballos robados y ciudades enterradas cuya existencia es desconocida y…
que están a punto de salir a la luz.
Veo y sé millones de cosas. Conozco y veo a Dios:
Un inmenso reloj que palpita, esferas que giran alrededor y adentro de las estrellas, la tierra, el universo entero, el dia y la noche, el llanto y la sonrisa, la felicidad y el dolor.
El que conoce hasta su fin el secreto de teonanácatl puede ver esa infinita maquinaria de reloj”
(Palabras de la chamana María Sabina recogidas a modo de cita de inicio por Richard E. Schultes y Albert Hofmann para su impecable trabajo “Plantas de los dioses”, editado por Fondo de cultura económica México.)

Estaba sentado en esa cochina discoteca de pueblo
y viniste mientras sonaba Smells like teen spirit
y cogiste mi mano e intuí en tus labios que me preguntabas
qué bebía.
No sé si en ese momento lo sabía; hoy no lo sé.
Te pusiste a bailar como una puta loca y yo,
en mi inocencia,
comprendí que eras una puta loca.
Bailé a tu lado antes de que me mordieras la oreja
y luego te abracé y pasé a lamerte las tetas
mientras con una mano te sobaba el coño y
buscaba con la otra el agujero de tu ano a través de
tus jeans hechos jirones.
Mordimos nuestras lenguas y estas parecieron alejarse de las bocas,
del cuerpo,
de eso que llaman alma.
La música paró.
Me dijiste que te habías apostado con su amiga una copa a que yo
no era capaz de ponerte tan cachonda.
Te dije que ahora sabía quién había ganado
(la cosa me sonaba de una peli)
antes de regresar a por mi copa y descubrir
sí, de la penosa manera, que
alguien había meado sobre ese licor que no me acuerdo cuál era.
Me acerqué de nuevo a ti y te dije que
tu amiga había apostado a caballo ganador.
Luego te fuiste y me quedé mirando tu espalda
mientras enseñabas al aire el dedo corazón
de tu mano derecha.
La música volvió a sonar y me fui a mi casa
con la intención de meneármela pero,
al final,
me senté en uno de los rincones y me puse a pensar en dios,
en la vida,
en las células madre,
en el universo
en teonanácatl.
Estuve sentado como tres horas en ese rincón
medio pensando, medio meditando.
Luego me acosté en paz
y sí, me hice una paja
de todas maneras.

PD: Escribir peor tiene mucho que ver con la pérdida de memoria de los dedos que teclean el escrito que va apareciendo, como mágicamente, en una pantalla. Hoy he escrito un poema sobre 1985 y otro sobre 1994. (Os enseño este, que es el malo, el otro lo compren). Ambos están dedicados a dos sombras distintas. A lo mejor soy yo ambas.

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Cosas que pasan en el pueblo (esta vez el propio alcalde -Brunete 2016-):
– Oye, escritor ¿Sabe usted? La biblioteca ha adquirido un libro suyo. ¿Nos podría dar más?
– ¿A qué te refieres, majo?
– A lo que tenga por casa que ya no le valga.
– Pues tengo a Borges.
– ¡Coño! De niño me encantaban sus viñetas.
– No, salao, Borges, con be.
– Ah leñe, ya caigo. A veces me parto algunas para el postre. Hay que ver qué buenas están.

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Cosas que pasan en el pueblo (Brunete):
– Oye, escritor ¿Y tú de leer, qué?
– Pues estaba con David Foster…
– ¿Qué?
– Na, que me ha dado por leer a Buda.
– Osti, el Buda ¿Ese es como el Chopra, no?
– Bueno…
– Joder, la hostia, me lo voy a apuntar ¿Es con be o con uve?

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LOS ÁRBOLES (F. Kafka):

“Porque somos como troncos de árboles en la nieve. Aparentemente sólo están adheridos a la superficie, y se diría que con un suave empujón podrían apartarse a un lado. No, no es posible, porque están sólidamente unidos a la tierra. Pero cuidado, también esto es sólo una apariencia.”

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Voy a abrir una nueva librería especializada en recitales bajo el nombre SoportARTE.

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Tardé más años de los que hubiera debido en comprender que, siempre hasta un punto, eso de la universidad, como experiencia de presente de manera neta en la gran mayoría de los casos, es (fue) buena cosa. Naturalmente, un catedrático o una catedrática, esto es evidente, no puede ser “amigo/a” de su alumnado (al menos a precio bajo); sin embargo, sí puedo decir de algunos de aquellos rostros que uno recordaba, tendente en ocasiones a la idealización, que hoy son, ya digo, e insisto, algunos/as solamente, buenos o buenas compañeras de un trabajo que, hoy al fin, realizamos a la par (nosotros, defensores de lo difícil y el bien -a la manera en que lo expresó Goethe-): El trabajo por un mundo más bello y mejor, en la medida en que esto sea posible. En lo que un oído sea capaz de realizarse y en lo que una “mano negra” feroz deje de darnos la razón en cuanto a que eso de la mano (otra) invisible de A. Smith no vino a nuestros estudios de puro casual. Muy buenas noches, queridos y queridas. No, no acabé finalizando mis carreras (casi). En la imagen les dejo una fotografía del interior de uno de los numerosos salones de la Real Academia de Bellas Artes de san Fernando.
PD: No se dejen engañar, sin embargo, por el estado. A veces eso del hambre no es sólo una cosa de la que habíamos oído hablar.

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Entre que uno prefiere vivir engañado y ser feliz y, al tiempo, vivir en la verdad aunque duela, la dualidad resulta un sinvivir, pero vívida, muy vívida. Claro que sí.

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Hay tanta gente en este programa (Facebook) a quien a uno le gustaría conocer personalmente, tanto chicas como chicos, aunque uno reconoce que, cuando se ve favorecido en una relación bella con una belleza que, además, tiene lo que tiene en cuanto al conocimiento de un dolor venido en profundidad humana, ya, entonces, es capaz de soltar frases como la siguiente: Nos conoceremos?? ya me da igual si para casarnos o para tomar un té.

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Hace poco en una conversación con amigos en la que aseguré haber viajado poco al extranjero hube de admitir que, en efecto, había estado en Guinea Ecuatorial en el acabose del social-felipismo y, sí, pasé un día en Portugal (lo reconozco), también en Roma un par de veces. Una de ellas en el viaje de fin de curso, que incluía Venecia (donde me sentí como Toni Soprano de peyote en Las Vegas) y Florencia. Al mencionar Florencia mi colega me preguntó en coña si no había padecido el Síndrome stendhaliano. Claro que no, por Michelangelo que bien podría jurarlo (y también por Stendhal si nos ponemos). Por lo demás, sí podría pronunciar las palabras del joven Léolo que eran algo así como que Italia es tan bonita que no debería pertenecer sólo a los italianos (y bien que no lo hace) pero… Para mí Florencia era un amor roto hecho sólo de promesa meses antes (de esos que uno diría primero pero que, en verdad, como mínimo era trigésimo), una camiseta (pocas liras me costó) psiquedélica de esas que se hacen en la bañera con lejía, unos colegas que me salieron más bien regulares en su gran mayoría, pizza, eso sí, y bien rica, y mal tiempo. Sin embargo, si sigo leyendo a Quignard esta noche, a buen seguro, me va a dar el tal síndrome. Ya verán, ya (sigo avanzando, a base de bien, el primero de los dos tomos editados por Sexto Piso a finales del año pasado). Y es que, queridos míos, existen tantas maneras de viajar lejos que…

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Hace año y medio accedí a una joya del retrato de pensadores, pensamiento, historia y buen leer además de buen hacer (Figuras de disenso, T. Eagleton). Un subrayado de uno de los prólogos dice, introduciendo una de las multitudinarias y ricas elucubraciones del autor, así: “No hace falta alejarse mucho de la chimenea de la casa para encontrar esqueletos en los armarios, turbias herencias y violencia homicida”. Decidme que no hay en esta frase una novela. Yo lo etiqueto como Terry, porque es que al maestro por antonomasia de la universidad de Standford se le quiere, y mucho, en esta casa.

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