2030; Rambo, 1500 gms (Diciembre de 2009)

El programa de Sánchez Dragó ahora lo presentaba Arturo Valls. Arturo me llamó un día y me dijo que le encantaría comer conmigo. Yo no tenía nada el jueves, así que le pregunté si el jueves le iba bien. Dijo que sí. Quedamos a la salida del metro san Goytisolo II y fuimos a un restaurante típico de los de Andorra. Me encantó conocer a Arturo. Se conservaba muy bien. Le dije que su aspecto no había cambiado desde que trabajaba con el gran Wyoming y me dijo que quería que fuese a su programa para que España me conociese. Perdona por ser tan directo, dijo. Y luego me dijo que probablemente yo era el mejor escritor que existía desde Napoleón. El camarero vino. Arturo se pidió un entrecot y yo dije que también me pusieran uno a mí, pero no muy hecho, con sal, por favor, añadí. Ya verás, dijo Arturo, como aquí el entrecot no le hacen en ningún sitio. Oye, le dije, pues no sé si ir, gracias, pero ¿De qué vais a hablar y eso? Me dijo que a eso iba. Tú serías ideal, dijo, porque creo que es el momento de hablar de… Arturo hizo una pausa y dijo la palabra clave: Mongolia. Mientras, las quinceañeras no paraban de venir a nuestra mesa a hacerse fotos con Arturo y decirle si, por favor, las podía firmar en el sujeta. Vale, dije, yo por Mongolia hago lo que sea. Iré gratis. Y me levanté de la mesa. Arturo me dijo que me esperara, que comiese el entrecot o que, al menos, lo probase. Yo dije: No no, es más, añadí, me toca los huevos el entrecot de los cojones. ¿Cuándo quieres que vaya, el domingo? Pues el domingo estoy allí. Salí y di un paseo por mis lugares queridos de Madrid. La calle Hortaleza ahora se llamaba calle del Hotel Kafka y, todos y cada uno de los edificios, eran aulas del Hotel. Miré a ver si estaba Eduardo para tomar un chato, pero ya no existían más que clones de Eduardo y no había manera de saber quién era el verdadero. A pesar de todo yo miré por las ventanas de los despachos. Miré a ver si estaba, no ya Eduardo, sino la gente que yo conocía. Pero no había nadie, sólo clones. Los verdaderos estaban de vacaciones todos, en Mallorca o por ahí. Me pareció reconocer a Rubén, pero no era él ni tampoco un clonado, sino un wannabee suyo. Los tiempos habían cambiado y todo era desastroso. Yo no sabía por dónde caminaba, cogí el metro en Esperanza Aguirre y me fui a Brunete, que ahora estaba en la línea 10 de alta velocidad. Pasé por donde mi tía Pepa, que tenía, a sus 93 años, montada una cadena de restaurantes y comí un bollo. Luego la vi en el sitio ese que se pone ella y donde todo dios se acerca a besar su mano y la dije que me había contratado Arturo Valls para salir en la televisión.
Menuda bazofia el domingo. A mí Arturo me había dicho que iban a hablar de Mongolia y allí todo el mundo estaba hablando de las declaraciones de Casillas acerca de Nocilla Dream. Eso ya era mezclar las patatas con las ingles. Entonces lo dije cuando me tocó el turno. Rompí a llorar y dije que el mundo ya no existía, que estaba cansado de follar con Malena Gracia y que a mí más me hubiera valido quedarme en Valseca a cuidar marranos, echarme una moza sencilla de Los Huertos o Turégano y un musete los domingos. Yo ya no dormía. Poco después de que mi blog fuera traducido a 1.516 idiomas mi vida ya no era cognoscible (sí, cognoscible dije) . Arturo me dijo que me serenara mientras el Juli no paraba de citar el Tristram Shandy. Yo dije que estuve a punto de conocer la felicidad y que yo era normal y me gustaba una chica del cole y eso, pero que ya no reconocía a nadie, que sólo pensaba en que, a lo mejor, mañana me moriría y así día tras día y repetí: día tras día. Que estaba harto de trabajar para el demonio y que no podía vivir todos los días con un café con leche en la media hora de descanso. Entonces Arturo medió con astucia y dijo que yo había ido allí para hablar de Mongolia. Me dijo ¿Verdad, Emilio? Dije que sí ¿Pero qué coño podía decir yo sobre Mongolia? ¿Qué podía decir? Y me callé. Menos mal que estaba allí Blanco. Blanco me salvó del apuro. Enseguida él habló de Mongolia. Se lo sabía todo de Mongolia, Blanco. Al terminar el programa, mientras sonaba la canción Todo está en los libros, yo di un beso en la frente al anciano Blanco. Le dije: gracias Blanco. Dijo: Nada chaval, para eso estamos. Dije que si alguien me acercaba adonde mis padres y Arturo me miró, sonrió y me tendió un bono con cuatro viajes. Al principio me creí que era un tripi de esos. El 2015 fue un mal año, pero hoy. Hoy todo era insoportablemente.

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Después del primer día, me sorprendió que Arturo Valls me volviese a llamar, es cierto, pero también es verdad que, tras convertirme en fijo del programa, lo he llevado bien. España quiere hacerse una camiseta de Pedrita La literata. Ya siempre voy vestido de negro al programa y, al final del programa, siempre me rompo la camisa como Hulk Hogan. Me enfocan y yo me rompo la camisa mientras suena la canción Todo está en los libros. El resto de invitados me mira. Yo veo las miradas de todos ellos. Las siento y, luego, me rompo la camisa y, si me lo piden, canto la canción Hurt. Luego, durante el día, curro de mozo llevando paquetes de un lado a otro, por todo Madrid y extrarradio. Mi compañero conduce y yo luego cargo y voy a los sextos y a los octavos. En algunas casas me reconocen del programa y me dicen que les cante la canción Hurt y me dan una propi. Yo estoy bien. En el programa me preguntan por mis traumas. El programa va de lites, pero yo, Pedrita, siempre hablo de mis traumas. A veces cuento mentiras, me invento las cosas, digo que machaco las pastillas para los nervios y luego las esnifo en cantidades imposibles. Mi vida es una polka a los psicofármacos. Eso digo, y luego canto la canción Hurt. Eso dice y canta Pedrita que, en 2030, pasa de todo. Sólo le pone dar placer con la mano a jóvenes crías de yeguato y jugar al Bruce Lee del Amstrad. El mundo ha tirado su Play 15.000 y, ahora, han vuelto el Amstrad y el Spectrum. Pegan fuerte. Todo por mí, todo por Pedrita. Se lo dije muy serio a Arévalo, que estuvo en el programa un día para hablar de su libro Vida de san Juan, a quien amo.
Arévalo decía recordar su época con Mayra Gómez Kemp y enviarla un fuerte beso. Porque Mayra, de Cuba, fue España. Es verdad. Me hice amigo de Arévalo, que es el Lenny Bruce español, aunque ya no me coge el teléfono. Dijo que volvería a los chistes tras su periplo como historiador y que me fuera a la mierda. Eso me dijo Arévalo. Que no le tocase los huevos o me denunciaría a la policía. Voy a dejar de cantar la canción Hurt. Pero no puedo ir a la pelu y decir que me hagan una cresta rosa porque tengo que estar decente en el curro. Lo dije un día en el programa, después de decir que yo iba para Chiquetete, después dije lo de la cresta rosa. A Arturo le gusto, mucho. Quiere llevarme a Las Vegas. Dice que hay un trozo de Hontanares de Eresma junto a Berna. Lo que me extraña es que esté Berna.
En 2009 fui un día a donde trabajo y no tenía que haber ido, eso me dijeron. Vi que tenía diez euros y me fui a un Rodilla de un centro comercial. Estuve mirando los sándwiches del expositor. Pedí una lata de refresco. Me senté. Ponía que no se podía fumar. Aguanté dos horas y luego fui a buscar a mi madre. Estaban con felicitaciones navideñas y no sé qué en su empresa y me dijeron que ella había salido a un bar a repartir lotería. La vi y me acerqué. Quería que me diese pasta para videojuegos, pero ella no me veía. Este indigente dice que la conoce, doña Maria del Pilar. Sí, yo soy, Pedro (entonces me llamaba Pedro). Mi madre dijo que yo era su hijo y que iba desaliñado porque era poeta o algo, me preguntó por qué no estaba en el trabajo y dije que no había, que me había confundido yo. Yo iba siempre muy limpito, no sé por qué decían de indigente. Siempre he tenido cara de niño o niña. La verdad, los sitios en donde mi madre es marquesa son los peores que la civilización ha hecho. Don Pedro, don Pedro me decían, y luego se reían cuando no estaba mi madre la marquesa, don Pedro el poeta, dinos unos versos. Por favor, yo quiero una clara. Para ti no hay, don Pedro. Que os den. Que te den a ti, don Pedro, que te folle una fruta. Es lo que voy a contar hoy en el programa de Arturo: Literatura, vida, mundo, persona y cartas desde el más allá. Se llama así ahora el programa. Estoy de colaborador y a mi lado está el marqués de turrón y la familia de Quevedo. Yo sólo lo que tengo que hacer es ir de negro, decir cuatro tonterías que luego, al final, termino diciendo otras que las que había pensado, romper la camisa y cantar la canción esa. Y así día tras día, mi coronel; día tras día.

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Fotograma: Acorralado

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