Lo anterior

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Una vez decidí arreglarme, ponerme bello a los ojos de las mozas. Era un día de fiesta de 1995 o 1996, un poco antes de abandonar mi vida por un papel en el que se me daba un nombre (tiempos del DSM 1). Las mozas venían, golosas, insustanciales como siempre y bellas como jaulas. Nunca ...