Roma (13/09/08)

El cementerio estaba cerca. Gracias a nuestras provisiones evitábamos salir del cuarto. Los muertos eran, en general, gente sana y nos molestaban mínimamente. Una o dos veces al mes accedíamos a retribuir su respeto y amabilidades con algo de leche y bollos, unos huevos y tomates. La estancia, salvando muy pocos días, permanece en silencio ...